En una declaración oportuna y categórica, esta semana el presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas, Francisco Lloreda Mera, en el marco del Gran Foro de esa agremiación, expresó que Colombia no puede sacrificar regalías por dejar de producir petróleo y gas, lo que es una posición prácticamente unánime en este sector de la economía que, como lo afirmara el mismo Lloreda, reconoce que es necesario emprender un proceso de transición energética, pero que el mismo no puede hacerse estigmatizando recursos como el petróleo o el carbón y echando a perder lo que en estos sectores se tiene en explotación o en reservas.
El temor que existe, se fundamenta en la posición que con frecuencia expresa el presidente Gustavo Petro, en el sentido de prácticamente descalificar toda aquella actividad económica que utilice o dependa de este tipo de energías, como el petróleo, el carbón, el gas, en tanto las señala radicalmente como enemigas y amenazas del medio ambiente, desconociendo de un tajo el hecho, por ahora incuestionable, de que gran parte de la economía colombiana tiene eje y fundamento en los ingresos que se derivan de allí.
Por todo esto, romper de manera precipitada o desordenada la producción petrolera, por ejemplo, tendría inmediatos efectos nefastos para muchas regiones colombianas, como sucede, claro está, con Santander, porque dejan de percibirse regalías, pero también porque habría un impacto adicional para el país entero, en tanto esto implicaría, muy seguramente, el incremento cada vez mayor de impuestos. No es prudente, pues, ni deseable, que, por gracia de posiciones intransigentes, vayamos a caer en errores que están ya sobradamente advertidos, máxime cuando nadie niega que el objetivo final de la transición es una necesidad.
Nadie, ningún sector de la economía, relacionado directa o indirectamente con la producción de energía, ha negado que tengamos que trazar estrategias para luchar contra el cambio climático, lo que se ha dicho en todos los tonos, es que en persecución de este propósito no podemos atentar contra lo que es, desde hace décadas, la piedra angular de la economía colombiana. El presidente no puede desconocer que la reducción de la pobreza, la generación de empleo, los procesos de industrialización, la ampliación de la cobertura educativa y todos los programas sociales en los que se ha empeñado, dependen también de que el sector de hidrocarburos se mantenga fuerte y pueda seguir respondiendo adecuadamente por el desarrollo y la competitividad del país.
La ministra Irene Vélez ha explicado que la transición adelantada por el Gobierno Nacional, gira alrededor de cinco ejes fundamentales: mayores inversiones en energías limpias y descarbonización; la sustitución progresiva de la demanda de combustibles fósiles; una mayor eficiencia energética; la revisión y eventual flexibilización de la regulación para acelerar la generación de energías limpias y la reindustrialización de la economía colombiana.
De otro lado el Gobierno Nacional evalúa de forma permanente la evolución de diversos aspectos que involucran esta estrategia integral, como por ejemplo el comportamiento de reservas de Gas y Petróleo que será presentado el próximo mes de mayo, por la Agencia Nacional de Hidrocarburos, ya que es una fuente clave para la toma de decisiones de política pública. Además, Colombia cuenta con un alto potencial de energías renovables especialmente en la región caribe, que trae como beneficio un bajo costo en la producción de la electricidad. Este bajo costo es lo que hace al país altamente competitivo a nivel global para producir hidrógeno verde.
Por esta razón, el país se posiciona como un actor relevante en Latinoamérica y el mundo para la producción de hidrógeno verde.


