Sangre nueva entra al Congreso por la legión Risaralda.
La llegada del economista, Juan Pablo Gallo, como jefe natural del partido liberal en la región, representa la fuerza del CAMBIO.
Su meta es transformar y no anclarse. No quedarse en expectativa o en alerta temprana. Cumplirle al alto electorado que lo llevó a sacar una histórica votación y poder enfrentar con nuevos bríos otras visiones de Colombia y región. Mucho se espera de Gallo senador.
Su alta votación, no se consigue en la vuelta de la esquina (más de 140 mil verificables votos)
Ni qué decir del impetuoso Aníbal Gustavo Hoyos Franco (21.701) que desde la montaña cafetera de Belén de Umbría y su espíritu de empresario, consolidó un histórico triunfo liberal. Dos curules. La otra, repetida 5 veces ya para Diego Patiño (27.791 votos) cuya patente ahora es lograr que un hijo suyo, el buen diputado Juan Diego, la comunidad risaraldense, le abra la puerta en una aspiración en crecimiento para la Gobernación.
Una reconquista y una reconfiguración del poder en lo territorial, con fundamento en el proceso electoral surtido en todos los niveles.
Para el Congreso, 338.290 votos , de los cuáles 29.348 en blanco; 12.956 no marcados y 24.885, nulos.
Incluido la votación de Rodolfo Hernández que ganó en Risaralda y recogió un voto anti máquina y anti poder. Lo hecho por el Pacto Histórico sin aparato electoral estructurado y la gran sorpresa política con la llegada del enclave Verde en el espectro, en el entorno, al alzarse con dos curules a la Cámara que no estaban en el presupuesto de nadie.
Carolina Giraldo (16.562) y Alejandro García (18.344), se metieron con méritos, arrestos suficientes, el ímpetu joven y se batieron a lo grande para clavar la bandera del coraje y el esfuerzo – anti tradición – en el lomo de una política fatigada y sin dueños. No me cansaré de repetir que el mejor directorio es la calle. El cara – cara y responsabilidad política.
No volverán al congreso el histórico conservador Juan Carlos Rivera, que vio sucumbir el escudo azul metido en el fango, después de 60 años de tradición. Sí lo hará, Juan Samy Merheg, que debe recomponer su relación gastada con la región y que le prendió alertas serias sobre su caminar electoral.
No vuelve el agobiado liberal, Juan Carlos Reinales, qué siendo un buen representante, -nadie lo discute -se dejó arrastrar por un facilismo enfermizo, que lo hizo trastabillar y caer para perder el impulso de figura en creación, que no supo mantenerse en el churubito.
Lamento, sí, que dos congresistas correctos y serios, como Alejandro Corrales Escobar y Gabriel Jaime Vallejo, no vuelvan al Congreso. Le aportaban conocimiento y honestidad. No eran alacranes o bichos.
Muchos los enjuician porque les “hizo falta pragmatismo político” que no es más que mermelada y accionar clientelar. O que fueron malos comunicadores de una gestión con resultados. Que se olvidaron del contacto ciudadano y se creyeron el cuento de estrategias fallidas del voto uribista. Ya conocieron también de empresarios fáciles en el triunfo, pero esquivos audaces en la derrota
Poco les ayudó el partido de gobierno, con un CD desbaratado e incómodo, en agobio, débil y extenuado, que dejó el aliento de la imagen Duque como una “comisión de la verdad” y en excursión, que los pulverizó. Hoy busca no desbaratarse y sí empujar una oposición extrema.
El mejor partido ahora, para nuevos y viejos, es RISARALDA. Con mayúscula y no el torticero. El de la pandemia de la corrupción sino el de las propuestas y los saltos para el desarrollo.


