COLUMNA DEL COMUNICADOR SOCIAL RUBÉN DARÍO FRANCO NARVÁEZ, PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE PERIODISTAS DE RISARALDA (Pri), POETA, ESCRITOR, INVESTIGADOR COLUMNISTA

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En Plena Acción!: 2012

HOY: LÁGRIMAS, PERDÓN Y SUPERACIÓN.RRubèn Darío Franco Narvàez <rubendariofranconarvaez@gmail.com>Mar 01/12/2020 22:18Para:

LAS LUCHAS LEGÍTIMAS (Quien sufre la injusticia tiene que defender con fuerza sus derechos y los de su familia precisamente porque debe preservar la dignidad que se le ha dado, una dignidad que Dios ama). LA VERDADERA SUPERACIÓN (Sabemos bien que «cada vez que las personas y las comunidades aprendemos a apuntar más alto de nosotros mismos y de nuestros intereses particulares, la comprensión y el compromiso mutuo se transforman…) Estos son los dos temas de hoy, martes 2 de diciembre del 2.020, contemplados en apartes del capítulo séptimo de la Encíclica Fratelli Tutti (Hermanos Todos) del Papa Francisco. De esta forma, seguimos cumpliendo con la solicitud de miles de lectores –en los cinco continentes- del periódico ciberespacial www.notieje.com dirigido por el periodista LUIS ALBERTO FIGUEROA.

Las luchas legítimas y el perdón

241.No se trata de proponer un perdón renunciando a los propios derechos ante un poderoso corrupto, ante un criminal o ante alguien que degrada nuestra dignidad. Estamos llamados a amar a todos, sin excepción, pero amar a un opresor no es consentir que siga siendo así; tampoco es hacerle pensar que lo que él hace es aceptable. Al contrario, amarlo bien es buscar de distintas maneras que deje de oprimir, es quitarle ese poder que no sabe utilizar y que lo desfigura como ser humano. Perdonar no quiere decir permitir que sigan pisoteando la propia dignidad y la de los demás, o dejar que un criminal continúe haciendo daño. Quien sufre la injusticia tiene que defender con fuerza sus derechos y los de su familia precisamente porque debe preservar la dignidad que se le ha dado, una dignidad que Dios ama. Si un delincuente me ha hecho daño a mí o a un ser querido, nadie me prohíbe que exija justicia y que me preocupe para que esa persona —o cualquier otra— no vuelva a dañarme ni haga el mismo daño a otros. Corresponde que lo haga, y el perdón no sólo no anula esa necesidad sino que la reclama.

223  Carta enc. Centesimus annus (1 mayo 1991), 14: AAS 83 (1991), 810.

242. La clave está en no hacerlo para alimentar una ira que enferma el alma personal y el alma de nuestro pueblo, o por una necesidad enfermiza de destruir al otro que desata una carrera de venganza. Nadie alcanza la paz interior ni se reconcilia con la vida de esa manera. La verdad es que «ninguna familia, ningún grupo de vecinos o una etnia, menos un país, tiene futuro si el motor que los une, convoca y tapa las diferencias es la venganza y el odio. No podemos ponernos de acuerdo y unirnos para vengarnos, para hacerle al que fue violento lo mismo que él nos hizo, para planificar ocasiones de desquite bajo formatos aparentemente legales».224 Así no se gana nada y a la larga se pierde todo.

243.Es cierto que «no es tarea fácil superar el amargo legado de injusticias, hostilidad y desconfianza que dejó el conflicto. Esto sólo se puede conseguir venciendo el mal con el bien (cf. Rm 12,21) y mediante el cultivo de las virtudes que favorecen la reconciliación, la solidaridad y la paz».225 De ese modo, «quien cultiva la bondad en su interior recibe a cambio una conciencia tranquila, una alegría profunda aun en medio de las dificultades y de las incomprensiones. Incluso ante las ofensas recibidas, la bondad no es debilidad, sino auténtica fuerza, capaz de renunciar a la venganza».226 Es necesario reconocer en la propia vida que

«también ese duro juicio que albergo en mi corazón contra mi hermano o mi hermana, esa herida no curada, ese mal no perdonado, ese rencor que sólo me hará daño, es un pedazo de guerra que llevo dentro, es un fuego en el corazón, que hay que apagar para que no se convierta en un incendio».227

La verdadera superación

244. Cuando los conflictos no se resuelven sino que se esconden o se entierran en el pasado, hay silencios que pueden significar volverse cómplices de graves errores y pecados. Pero la verdadera reconciliación no escapa del conflicto sino que se logra en el conflicto, superándolo a través del diálogo y de la negociación transparente, sincera y paciente. La lucha entre diversos sectores «siempre que se abstenga de enemistades y de odio mutuo, insensiblemente se convierte en una honesta discusión, fundada en el amor a la justicia».228

245. Reiteradas veces propuse «un principio que es indispensable para construir la amistad social: la unidad es superior al conflicto. […] No es apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna».229 Sabemos bien que «cada vez que las personas y las comunidades aprendemos a apuntar más alto de nosotros mismos y de nuestros intereses particulares, la comprensión y el compromiso mutuo se transforman  […]

224 Homilía durante la Santa Misa por el progreso de los pueblos, Maputo – Mozambique (6 septiembre 2019):

L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (13 septiembre 2019), p. 7.

225 Discurso en la ceremonia de bienvenida, Colombo – Sri Lanka (13 enero 2015): L’Osservatore Romano,

ed. semanal en lengua española (16 enero 2015), p. 3.

226 Discurso a los niños del centro Betania y a una representación de asistidos de otros centros caritativos de Albania, Tirana – Albania (21 septiembre 2014): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (26 septiembre 2014), p. 11.

227 Videomensaje al TED2017 de Vancouver (26 abril 2017): L’Osservatore Romano (27 abril 2017), p. 7.

228 PÍO XI, Carta enc. Quadragesimo anno (15 mayo 1931), 114: AAS 23 (1931), 213.

229 Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 228: AAS 105 (2013), 1113.

en un ámbito donde los conflictos, las tensiones e incluso los que se podrían haber considerado opuestos en el pasado, pueden alcanzar una unidad multiforme que engendra nueva vida»