C
MO DOMAR EL POTRO SALVAJE
Por: Rubén Darío Franco Narváez
“El paraíso en la tierra está sobre un caballo, en la salud del cuerpo y junto al corazón de una mujer” – Van Bodenstedt, escritor alemán-.
Por nuestra mente corre velozmente y desbocado un “Potro Salvaje”; al cual, debemos domar para evitar que nos arroje al abismo o desvíe del camino correcto de la vida.
En buena hora fuimos sometidos a cuarentena, amenazados de muerte por el Rey Coronavirus. Ese serio desafío, entre vivir o morir, nos obliga a revisar el depósito mental para identificar lo bueno, lo malo y el punto de equilibrio en el transcurrir terreno.
“El Potro Salvaje”, sin riendas, está vigente desde la concepción, el nacimiento y el presente, corriendo en la mente, transferido por nuestros progenitores.
Para identificar al “Potro Salvaje”, utilizo tres colores: Blanco que conlleva amor, paz, humildad, bondad y pureza. Negro, lleva en sus lomos connotaciones negativas, poder, lujo y emociones fuertes. Y, Gris que transporta mediocridad, indiferencia e indeterminación.
¡Bendito encierro! que aprovecharemos para tratar de domar al “Potro Salvaje”, incluyendo en las enseñanzas a los seres queridos, en este hospital de guerra, como enfermeros de la Misericordia, con auxilios espirituales prolongados hasta el 27 de abril del 2020.
Aquí están las instrucciones en 10 pasos:
1-Nos acercamos con cariño al Potro.
2-Acariciamos su cabeza y, lentamente, le colocamos el cabestro y un ramal.
3- Lo guiamos, con persistencia, para que siga el rumbo como las manecillas del reloj.
4-Lo felicitamos con caricias, agua y buen alimento.
5-Dulcemente le colocamos la embocadura, la brida, continuando con la rutina con el ramal, dando vueltas y con palabras amorosas.
6-Lo premiamos con agua y una buena comida.
7-Le colocamos una blanda almohadilla y la montura; procediendo con la rutina cotidiana y alegrándolo con voz amistosa.
8-Lo premiamos con agua, caricias y buena comida.
9-Ajustamos la cincha y los estribos. Utilizamos, nuevamente, el ramal para hacerlo girar; pero en esta ocasión, dándole órdenes: Camina, corre, pare, retrocede, descanse…
10- Acérquese, con paso seguro y amable, acaricie su cabeza, móntelo suavemente, dele un beso, porque el “Potro Domado” ya puede seguir la dirección que usted le indique.
¡Bendito encierro”, obligado por el Rey Coronavirus, podemos domar al “Potro Salvaje”.



