Pereira y Risaralda en Crisis Cafetera: La Tierra se Transforma, pero la Calidad Persiste.

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Pereira y Risaralda han perdido amplias hectáreas de café por urbanización, altos costos de la tierra, cambio hacia ganadería o cítricos, escasez de mano de obra y falta de relevo generacional.

Por: Luis Alberto Figueroa, Comunicador Social Periodista. Tarjeta Profesional 0222 expedida por el Ministerio de Educación Nacional.

En los últimos 45 años, las regiones de Pereira y Risaralda han experimentado una drástica reducción en sus extensiones dedicadas al cultivo del café, pasando de 65.687 hectáreas en Risaralda y 15.315 en Pereira en 1980, a solo 39.198 y 2.773 hectáreas respectivamente en 2025. Esta transformación territorial, impulsada por la urbanización acelerada, los altos costos de la tierra y el giro hacia actividades como la ganadería y el cultivo de cítricos, pone en jaque no solo la identidad cafetera de la región, sino también el empleo rural y la sostenibilidad de las comunidades campesinas. La causa principal detrás de este declive es estructural: la falta de relevo generacional y la escasez de mano de obra joven dispuesta a asumir el trabajo en el campo.

Aunque el panorama parece sombrío, la caficultura pereirana ha respondido con innovación. Los productores locales han invertido en tecnificación, adoptando sistemas de riego automatizados, monitoreo por sensores y manejo de suelos con precisión. Además, la mayoría de los cultivos actuales son jóvenes, lo que permite mayor productividad y resistencia a plagas y enfermedades. La proporción de variedades resistentes como Cenicafé 1, Colombia y Castillo ha aumentado significativamente, lo que fortalece la competitividad del café pereirano en mercados internacionales. Estos avances, sin embargo, no compensan la pérdida de escala, y el sector enfrenta una paradoja: mejor calidad, pero menos volumen.

La pérdida de hectáreas no es un fenómeno aislado. En Risaralda, el crecimiento urbano ha devorado zonas tradicionalmente cafeteras, especialmente en los valles cercanos a Pereira y Dosquebradas. El costo de la tierra ha disparado los precios, haciendo inviable la continuidad del cultivo para pequeños y medianos productores. Muchos han optado por vender sus fincas para dar paso a urbanizaciones, centros comerciales o proyectos inmobiliarios. Esta transición económica, aunque inevitable en muchos casos, deja un vacío cultural y productivo que difícilmente podrá recuperarse en una generación.

El reto mayor radica en la falta de relevo generacional. Los hijos de los caficultores prefieren migrar a las ciudades en busca de oportunidades laborales más estables y mejor remuneradas. La escasez de mano de obra joven ha obligado a muchos productores a contratar trabajadores temporales, lo que encarece la producción y reduce la eficiencia. Aun así, algunos programas gubernamentales y cooperativas locales intentan revertir esta tendencia mediante capacitación técnica y apoyo financiero, aunque los resultados aún son limitados.

A pesar de los desafíos, el café de Pereira mantiene su prestigio. Su perfil sensorial —con notas frutales, acidez brillante y cuerpo equilibrado— sigue siendo admirado por compradores internacionales. La apuesta por la calidad sobre la cantidad ha permitido a los productores locales posicionarse en nichos de mercado premium, donde el precio por kilo compensa, en parte, la menor escala de producción. Sin embargo, sin una política integral que proteja el territorio cafetero y atraiga a nuevas generaciones, el futuro del café en esta región sigue incierto.


English versión

Pereira and Risaralda in Coffee Crisis: Land Transforms, But Quality Endures.

By: Luis Alberto Figueroa, Social Communicator and Journalist. Professional License 0222 issued by the Ministry of National Education

Over the past 45 years, the regions of Pereira and Risaralda have seen a dramatic reduction in coffee-growing land, falling from 65,687 hectares in Risaralda and 15,315 in Pereira in 1980 to just 39,198 and 2,773 hectares, respectively, by 2025. This territorial transformation, driven by rapid urbanization, high land costs, and a shift toward cattle ranching and citrus cultivation, threatens not only the coffee identity of the region but also rural employment and the sustainability of farming communities. The core driver of this decline is structural: the lack of generational replacement and a shortage of young labor willing to work in agriculture.

Although the outlook appears bleak, Pereira’s coffee industry has responded with innovation. Local producers have invested in technification, adopting automated irrigation, sensor-based monitoring, and precision soil management. Moreover, most current crops are young, allowing greater productivity and resistance to pests and diseases. The proportion of resistant varieties like Cenicafé 1, Colombia, and Castillo has significantly increased, strengthening the competitiveness of Pereira’s coffee in international markets. Yet these advances do not offset the loss of scale, leaving the sector in a paradox: higher quality, but lower volume.

The loss of coffee hectares is not an isolated phenomenon. In Risaralda, urban expansion has consumed traditionally coffee-growing zones, particularly in valleys near Pereira and Dosquebradas. Rising land prices have made cultivation unviable for small and medium producers, many of whom have sold their farms to make way for urban developments, shopping centers, or real estate projects. While economically inevitable in many cases, this transition leaves a cultural and productive void unlikely to be filled within a generation.

The greatest challenge lies in the lack of generational replacement. Farmers’ children prefer migrating to cities in search of more stable and better-paid jobs. The shortage of young labor has forced many producers to hire temporary workers, driving up production costs and reducing efficiency. Still, some government programs and local cooperatives are trying to reverse this trend through technical training and financial support — though results remain limited.

Despite these challenges, Pereira’s coffee retains its prestige. Its sensory profile — fruity notes, bright acidity, and balanced body — continues to be admired by international buyers. The focus on quality over quantity has allowed local producers to position themselves in premium market niches, where higher per-kilo prices partially offset lower output. Yet without an integrated policy to protect coffee-growing land and attract new generations, the future of coffee in this region remains uncertain.