

Por: Luis Alberto Figueroa, Comunicador Social Periodista. Tarjeta Profesional 0222 expedida por el Ministerio de Educación Nacional
En medio de un escenario político en constante reconfiguración, Colombia se prepara para una elección presidencial que marcará un punto de inflexión: los partidos tradicionales —Liberal, Conservador, La U y Cambio Radical— han perdido terreno en el Congreso y carecen de candidatos competitivos para la presidencia. La segunda vuelta, según las tendencias actuales, enfrentará a Iván Cepeda contra el ganador de la gran consulta del próximo domingo, quien no pertenece a ninguna de esas fuerzas históricas. Abelardo de la Espriella, por su parte, quedará fuera en primera vuelta y deberá alinearse con Paloma Valencia, cuya candidatura se perfila como la más sólida del momento.
Paloma Valencia emerge como la figura que llena el vacío dejado por los partidos tradicionales, ofreciendo un discurso claro, coherente y con resultados legislativos comprobables. Su capacidad para conectar con el electorado va más allá de la retórica: conoce el funcionamiento del Estado, el Congreso y los entramados del poder, lo que la convierte en una candidata con experiencia real y no solo con promesas. En los próximos 80 días, su campaña se fortalecerá con el respaldo de nueve jefes de debate, incluido el expresidente Álvaro Uribe Vélez, lo que le otorga una plataforma de legitimidad y visibilidad sin precedentes.
El declive de los partidos históricos no es casualidad, sino el resultado de años de desconexión con la ciudadanía, discursos vacíos y falta de propuestas concretas. En contraste, Paloma Valencia representa una alternativa transparente, con intenciones claras y una trayectoria que respalda sus propuestas. Su ascenso no es solo un fenómeno electoral, sino un reflejo del deseo ciudadano de renovación, de líderes que entiendan el aparato gubernamental y que no se limiten a prometer, sino a ejecutar.
En este contexto, su candidatura se erige como la más viable para liderar el país en los próximos años. No solo por su experiencia, sino por su capacidad de articular consensos, entender las dinámicas del poder y ofrecer soluciones realistas. Mientras los partidos tradicionales se desvanecen, ella se posiciona como la opción que puede unir a un país fragmentado, con un mensaje que trasciende las viejas divisiones ideológicas y apela a la eficacia, la honestidad y la capacidad de gobernar.
English versión
Colombia in Transition: The Rise of Paloma Valencia as a Presidential Alternative
By: Luis Alberto Figueroa, Social Communicator and Journalist. Professional Card 0222 issued by the Ministry of National Education
Amid a constantly reshaping political landscape, Colombia prepares for a presidential election poised to mark a turning point: traditional parties — Liberal, Conservative, La U, and Cambio Radical — have lost ground in Congress and lack competitive presidential candidates. The runoff, according to current trends, will pit Iván Cepeda against the winner of next Sunday’s major primary — someone who does not belong to any of those historic forces. Abelardo de la Espriella, meanwhile, will be eliminated in the first round and must align with Paloma Valencia, whose candidacy is emerging as the strongest at this moment.
Paloma Valencia emerges as the figure filling the void left by traditional parties, offering a clear, coherent discourse backed by proven legislative results. Her ability to connect with voters goes beyond rhetoric: she understands how the state functions, the workings of Congress, and the intricacies of power — making her a candidate with real experience, not just promises. In the next 80 days, her campaign will be bolstered by the support of nine debate leaders, including former President Álvaro Uribe Vélez, granting her an unprecedented platform of legitimacy and visibility.
The decline of historic parties is no coincidence, but the result of years of disconnection from citizens, empty speeches, and lack of concrete proposals. In contrast, Paloma Valencia represents a transparent alternative, with clear intentions and a track record that backs her promises. Her rise is not merely an electoral phenomenon, but a reflection of citizens’ desire for renewal — leaders who understand government machinery and focus on execution, not just pledges.
In this context, her candidacy stands as the most viable to lead the country in the coming years. Not only for her experience, but for her ability to build consensus, navigate power dynamics, and offer realistic solutions. As traditional parties fade, she positions herself as the option capable of uniting a fragmented nation — with a message that transcends old ideological divisions and appeals to effectiveness, honesty, and governing capacity.



