



Por: Luis Alberto Figueroa, Comunicador Social Periodista. Tarjeta Profesional 0222 expedida por el Ministerio de Educación Nacional
Colombia enfrenta un momento crucial para redefinir su estrategia turística: mientras millones de visitantes llegan cada año en busca de descanso y experiencias culturales, el sector sigue operando en gran medida de forma informal, con servicios de calidad mediocre y precios elevados que limitan su potencial. A diferencia de países como España, que este año podría recibir hasta 100 millones de turistas —generando empleos masivos, ingresos billonarios y mejoras en infraestructura—, Colombia apenas alcanza los 6 millones anuales. Esta brecha no es solo numérica, sino estructural: el turismo colombiano sigue siendo visto como un lujo para unos y una fuente de ingresos precaria para otros, sin una visión nacional integradora.
El modelo actual, dominado por actores privados con poca regulación y escasa inversión en calidad, no solo limita la experiencia del visitante, sino que excluye a comunidades locales que podrían beneficiarse de manera sostenible. La falta de planificación estratégica y la miopía política han convertido al turismo en un sector fragmentado, donde los beneficios se concentran en pocas manos, mientras el resto de la población carga con los costos sociales y ambientales. Para cambiar esta dinámica, se requiere una política pública audaz que priorice la formalización, la capacitación y la infraestructura turística como pilares del desarrollo regional.
España ofrece un ejemplo claro: su éxito no radica solo en sus playas o museos, sino en una gestión integral que articula gobierno, sector privado y comunidades locales. En Colombia, en cambio, el turismo sigue siendo tratado como un “negocio de temporada” en lugar de una industria estratégica. La inversión en experiencias auténticas, sostenibilidad y accesibilidad podría transformar no solo los ingresos, sino también la percepción internacional del país. El reto no es solo atraer más turistas, sino hacerlo de manera inteligente, equitativa y duradera.
Es urgente que el Estado asuma un rol rector, dejando atrás la improvisación y las decisiones cortoplacistas. Esto implica regular el mercado, fomentar la innovación en servicios y promover destinos fuera de los circuitos tradicionales. Solo así se podrá convertir al turismo en un motor de empleo digno, desarrollo regional y cohesión social. La oportunidad está ahí: el mundo sigue interesado en Colombia, pero ya no basta con mostrar paisajes —se necesita mostrar un modelo que funcione para todos.
English versión
Colombia Must Reinvent Tourism: Beyond Leisure, an Opportunity for Economic Transformation
By: Luis Alberto Figueroa, Social Communicator and Journalist. Professional License 0222 issued by the Ministry of National Education
Colombia stands at a critical juncture to redefine its tourism strategy: while millions of visitors arrive each year seeking rest and cultural experiences, the sector largely operates informally, offering mediocre quality services at high prices that limit its potential. Unlike countries such as Spain — which this year could welcome up to 100 million tourists, generating massive employment, billions in revenue, and improved infrastructure — Colombia barely reaches 6 million annually. This gap is not merely numerical, but structural: tourism in Colombia remains perceived as a luxury for some and a precarious source of income for others, lacking a cohesive national vision.
The current model, dominated by unregulated private actors with minimal investment in quality, not only limits the visitor experience but also excludes local communities that could benefit sustainably. The lack of strategic planning and short-sighted governance has turned tourism into a fragmented sector, where benefits concentrate in few hands while the broader population bears social and environmental costs. To shift this dynamic, bold public policy is needed — prioritizing formalization, training, and tourism infrastructure as pillars of regional development.
Spain offers a clear example: its success lies not only in beaches or museums, but in integrated management that aligns government, private sector, and local communities. In Colombia, tourism is still treated as a “seasonal business” rather than a strategic industry. Investment in authentic experiences, sustainability, and accessibility could transform not only revenues but also the country’s global perception. The challenge is not merely to attract more tourists, but to do so intelligently, equitably, and sustainably.
It is urgent for the State to assume a leading role, moving beyond improvisation and short-term decisions. This means regulating the market, fostering innovation in services, and promoting destinations beyond traditional circuits. Only then can tourism become a driver of dignified employment, regional development, and social cohesion. The opportunity is there: the world remains interested in Colombia, but showcasing landscapes alone is no longer enough — it must showcase a model that works for everyone.

