Política: Las vallas electorales no reflejan las realidades de la juventud

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Por: Luis Alberto Figueroa, Comunicador Social Periodista. Tarjeta Profesional 0222 expedida por el Ministerio de Educación Nacional

Cuatro años después de los últimos comicios, la campaña electoral mantiene estrategias publicitarias idénticas que poco han evolucionado. Las vallas de los candidatos a congresistas continúan dominadas por rostros sonrientes, números de tarjetón y logos partidistas, sin mensaje alguno que dialogue con las necesidades reales de los ciudadanos. Esta realidad contrasta drásticamente con las expectativas de una generación que enfrenta desempleo, falta de oportunidades y desconfianza institucional profunda.

Dylan, un joven de 19 años que trabaja en construcción tras abandonar el colegio para ayudar en casa, representa la voz de miles de colombianos que cuestionan la efectividad de estas estrategias. Desde el Megabús, observa el bosque de vallas políticas en las avenidas y se pregunta: ¿de qué se ríen? Su resentimiento refleja una brecha generacional donde la clase política parece desconectada de quienes viven en un limbo sin oportunidades claras.

Las vallas electorales funcionan como mensajes de recordación dirigidos a la clientela política, estrategias de corto vuelo sin riesgo que evitan comprometerse con propuestas concretas. Algunas exhiben fatiga y desgaste, mientras otras utilizan frases genéricas que poco resuenan con las realidades del electorado. Esta aproximación publicitaria electoral resulta cómoda para los candidatos, pero profundiza la desconfianza en instituciones políticas entre jóvenes como Dylan.

La comunicación política actual prioriza la imagen sobre el contenido, perpetuando un modelo que ha demostrado ser ineficaz para conectar con nuevas generaciones. Mientras los políticos invierten en vallas publicitarias masivas, millones de jóvenes abandonan sus estudios, luchan por empleos dignos y cuestionan si sus votos realmente importan. Esta desconexión no es casual; es el resultado de campañas que ignoran deliberadamente las preocupaciones de quienes construirán el futuro del país.

La pregunta de Dylan desde el transporte público sintetiza el malestar colectivo: ¿qué hay para reír cuando hay desempleo, inseguridad y falta de horizonte? Las vallas políticas seguirán multiplicándose en las avenidas, pero mientras no reflejen compromisos reales con educación, empleo y oportunidades, continuarán siendo símbolos de una política desconectada de sus ciudadanos más vulnerables y esperanzados.


English version

Politics: Electoral Billboards Don’t Reflect Youth Realities

By: Luis Alberto Figueroa, Social Communicator Journalist. Professional Card 0222 issued by the Ministry of National Education

Four years after the last elections, the electoral campaign maintains identical advertising strategies that have barely evolved. Billboards of congressional candidates continue to be dominated by smiling faces, ballot numbers, and party logos, without any message that engages with citizens’ real needs. This reality starkly contrasts with the expectations of a generation facing unemployment, lack of opportunities, and deep institutional distrust.

Dylan, a 19-year-old who works in construction after dropping out of school to help support his family, represents the voice of thousands of Colombians questioning the effectiveness of these strategies. From the Megabús, he observes the forest of political billboards on the avenues and wonders: what are they laughing about? His resentment reflects a generational gap where the political class appears disconnected from those living in limbo without clear opportunities.

Electoral billboards function as reminder messages directed at political clientele, short-term strategies without risk that avoid committing to concrete proposals. Some display fatigue and wear, while others use generic phrases that resonate little with the electorate’s realities. This electoral advertising approach proves comfortable for candidates but deepens distrust in political institutions among young people like Dylan.

Current political communication prioritizes image over content, perpetuating a model that has proven ineffective at connecting with new generations. While politicians invest in massive billboard campaigns, millions of young people abandon their studies, struggle for dignified employment, and question whether their votes truly matter. This disconnection is not accidental; it results from campaigns that deliberately ignore the concerns of those who will build the country’s future.

Dylan’s question from public transportation encapsulates collective discontent: what is there to laugh about when there is unemployment, insecurity, and lack of prospects? Political billboards will continue multiplying on the avenues, but as long as they don’t reflect real commitments to education, employment, and opportunities, they will remain symbols of a politics disconnected from its most vulnerable and hopeful citizens.