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El 22 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Música, como una fecha dedicada a todos los músicos y amantes de la música. Esta fecha también se conoce como Día Internacional del Músico y en muchos países se celebra el 1 de octubre. Sirvan ambas fechas para rendir homenaje al arte de la música.
¿Y a quién no le gusta la música? Es prácticamente imposible encontrar a un ser humano que no disfrute con la música. Otra cosa diferente es el estilo de música. Pero en general a todos nos agrada. Y el motivo no es otro que el hecho de que lo llevamos en los genes.
Así que ya sea rock, clásica, country, jazz, pop, seguro que te resulta agradable escuchar una melodía bonita. Por ello, se celebra este Día Internacional del Músico o Día Internacional de la Música.
La fecha del 22 de noviembre conmemora la muerte de Santa Cecilia, patrona de los músicos. Esta mártir cristiana fue retratada en el siglo XV por los artistas de la época, siempre tocando el arpa u otros instrumentos musicales. Por ello se le ha vinculado tanto a este arte de la música.
Cada momento es una oportunidad para sonreírle a la vida. SONRÍA… SONRÍA… SONRÍA… CON AMOR Y ALEGRÍA, AGRADECIÉNDOLE A DIOS: CADA SEGUNDO DE VIDA. –RUDAFRA.
MINICUENTO 2022 – RUDAFRA. ALBERTO “EL LOCO” VALENCIA OSORIO.
Desde el primer instante, la vida de Alberto Valencia Osorio estuvo marcada por un ritmo inconfundible: La Salsa. Su madre, Letty, lo cuidó no solo con el amor de una madre, sino con la devoción de quien resguarda su más preciosa joya. Ella se aseguró de que su llegada al mundo fuese una fiesta. Y así fue: su parto estuvo amenizado con música a ritmo de salsa, un presagio de la banda sonora que sería su vida.
Cuando fue bautizado, su nombre resonó con una dualidad sagrada y profana que le sentaba perfecta: ALBERTO VALENCIA OSORIO. La ceremonia combinó el ritual con la pasión, utilizando no solo agua santa, sino también salsa sacra. Mientras otros bebés lloraban por el hambre, el biberón de Alberto era, según la leyenda familiar, humedecido con el elixir carmesí del ritmo: Salsa pura.
Los años de formación fueron una progresión constante del tiempo. Su Primera Comunión no fue la excepción; la solemnidad del momento fue acompañada por un Grupo de Salsa que transformó el evento en una celebración del alma.
Al culminar su bachillerato, Alberto, con la venia de Doña Letty, que conocía el fuego que ardía en su hijo, abrió las puertas de su casa. Organizó una gran Fiesta Salsómana que no conoció fronteras. La explosión de timbales y trombones fue tan monumental que, dicen las crónicas de la época, retumbó hasta New York.
El destino, sin embargo, lo esperaba mucho más cerca, en la capital del Risaralda. Fue en Disco Express de Dosquebradas-Risaralda-Colombia, en medio de la euforia de un Concierto de Salsa, donde su voz y su energía cautivaron a un hombre clave: Don Augusto Salazar Urrea. Don Augusto no dudó un instante; ante la potencia que irradiaba Alberto, lo contrató de inmediato.
Su nuevo hogar sería Radio Reloj Pereira, asumiendo el rol de Locutor Bombillo, una luz que encendía la radio. Allí se consagró, codeándose con los más grandes de la radiodifusión. En cabina, forjó un dúo legendario junto a Carlos Alberto Rentería, y juntos, con su chispa inigualable y su pasión por la música, establecieron un récord mundial frente al micrófono. Fue en este apogeo, que recibió su bendición y su nuevo nombre oficial: “El Loco Alberto Valencia Osorio”.
Con su bautizo de fuego y su talento desbordante, «El Loco» dio el salto. Viajó a los Estados Unidos de América, llevando el sabor de Pereira a nuevas audiencias. Triunfó en varias emisoras con su vibrante y contagioso programa: SALSA A LO LOCO. Su voz se convirtió en el puente que conectaba a los inmigrantes con sus raíces, un toque de calidez y guaguancó en tierra extranjera.
Después de muchos años de éxito internacional, el corazón de Alberto «El Loco» Valencia Osorio lo llamó de vuelta. Regresó a su amada Pereira, pero no para descansar, sino para construir. Con la sabiduría de quien ha visto triunfar a muchos y, el reconocimiento de que el arte se nutre de la conexión, organizó el Grupo Estrellas de la Comunicación. Su misión era sencilla y profunda: reconocer la fraternidad eterna que arropa a la multitud de personajes destacados que han brillado en diferentes etapas de los Medios Radiales, Televisivos y Escritos.
Alberto Valencia Osorio no solo nació con la salsa, se convirtió en ella: un ritmo apasionado, constante y, sobre todo, una fuerza de unión para celebrar la vida.
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22 de noviembre – Día Internacional del Síndrome 22q11 (edición de noviembre)
[7:31 p.m., 21/11/2025] Ruben Dario Franco Narvaez: MINICUENTO 2022 – RUDAFRA. ALBERTO “EL LOCO” VALENCIA OSORIO.
Desde el primer instante, la vida de Alberto Valencia Osorio estuvo marcada por un ritmo inconfundible: La Salsa. Su madre, Letty, lo cuidó no solo con el amor de una madre, sino con la devoción de quien resguarda su más preciosa joya. Ella se aseguró de que su llegada al mundo fuese una fiesta. Y así fue: su parto estuvo amenizado con música a ritmo de salsa, un presagio de la banda sonora que sería su vida.
Cuando fue bautizado, su nombre resonó con una dualidad sagrada y profana que le sentaba perfecta: ALBERTO VALENCIA OSORIO. La ceremonia combinó el ritual con la pasión, utilizando no solo agua santa, sino también salsa sacra. Mientras otros bebés lloraban por el hambre, el biberón de Alberto era, según la leyenda familiar, humedecido con el elixir carmesí del ritmo: Salsa pura.
Los años de formación fueron una progresión constante del tiempo. Su Primera Comunión no fue la excepción; la solemnidad del momento fue acompañada por un Grupo de Salsa que transformó el evento en una celebración del alma.
Al culminar su bachillerato, Alberto, con la venia de Doña Letty, que conocía el fuego que ardía en su hijo, abrió las puertas de su casa. Organizó una gran Fiesta Salsómana que no conoció fronteras. La explosión de timbales y trombones fue tan monumental que, dicen las crónicas de la época, retumbó hasta New York.
El destino, sin embargo, lo esperaba mucho más cerca, en la capital del Risaralda. Fue en Disco Express de Dosquebradas-Risaralda-Colombia, en medio de la euforia de un Concierto de Salsa, donde su voz y su energía cautivaron a un hombre clave: Don Augusto Salazar Urrea. Don Augusto no dudó un instante; ante la potencia que irradiaba Alberto, lo contrató de inmediato.
Su nuevo hogar sería Radio Reloj Pereira, asumiendo el rol de Locutor Bombillo, una luz que encendía la radio. Allí se consagró, codeándose con los más grandes de la radiodifusión. En cabina, forjó un dúo legendario junto a Carlos Alberto Rentería, y juntos, con su chispa inigualable y su pasión por la música, establecieron un récord mundial frente al micrófono. Fue en este apogeo, que recibió su bendición y su nuevo nombre oficial: “El Loco Alberto Valencia Osorio”.
Con su bautizo de fuego y su talento desbordante, «El Loco» dio el salto. Viajó a los Estados Unidos de América, llevando el sabor de Pereira a nuevas audiencias. Triunfó en varias emisoras con su vibrante y contagioso programa: SALSA A LO LOCO. Su voz se convirtió en el puente que conectaba a los inmigrantes con sus raíces, un toque de calidez y guaguancó en tierra extranjera.
Después de muchos años de éxito internacional, el corazón de Alberto «El Loco» Valencia Osorio lo llamó de vuelta. Regresó a su amada Pereira, pero no para descansar, sino para construir. Con la sabiduría de quien ha visto triunfar a muchos y, el reconocimiento de que el arte se nutre de la conexión, organizó el Grupo Estrellas de la Comunicación. Su misión era sencilla y profunda: reconocer la fraternidad eterna que arropa a la multitud de personajes destacados que han brillado en diferentes etapas de los Medios Radiales, Televisivos y Escritos.
Alberto Valencia Osorio no solo nació con la salsa, se convirtió en ella: un ritmo apasionado, constante y, sobre todo, una fuerza de unión para celebrar la vida.




