ÁLVARO GÓMEZ HURTADO TREINTA AÑOS DEL IMPUGNE MAGNICIDIO

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Álvaro Gómez Hurtado: reconstruyen su asesinato después de 23 años |  Noticias

sÁBADO 1 DE NOVIEMBRE DE 2025.-

Al menos dos son los aspectos que se pueden resaltar, entre muchos otros, a los 30 años del magnicidio del doctor Álvaro Gómez Hurtado este dos de noviembre. El primero, desde luego, las desviaciones e impunidad que a lo largo de tan extensa trayectoria han rodeado el crimen que cegó, precisamente, una de las voces de mayor temple y brillantez en la historia reciente de Colombia. Y que como bien lo señaló su sobrino, Enrique Gómez Martínez, director del Movimiento de Salvación Nacional y expositor central en el evento organizado esta semana en la Universidad Sergio Arboleda, llegó hasta el punto de repetirse recientemente en la joven promesa de Miguel Uribe Turbay, porque los tentáculos del Régimen se mantienen intactos y no se detienen en lo absoluto para deshacerse de las figuras más valerosas e incómodas.

Muy doloroso para el país, ciertamente, constatar cómo las balas se han llevado a las personas de mayor valía, infiriendo una herida mortal en el devenir colombiano y dejando en el ambiente un profundo hálito de nostalgia histórica en cuanto a todo aquello que pudo haber sido y no fue por cuenta de las mentes asesinas, cuya victoria, a partir de ese protervo expediente, sigue poniendo en jaque los designios de la democracia libre. Como ocurrió desde un comienzo con el asesinato del mariscal Sucre, cuando pidió una moratoria de las charreteras en el poder; siguió casi un siglo después con el del general Uribe, por estar en una coalición nacionalista con los conservadores; se mantuvo en la línea con el de Jorge Eliécer Gaitán, magnicidio sobre el cual el presidente de entonces, Mariano Ospina Pérez, no dudó un segundo en fijar la autoría intelectual en el comunismo internacional, justo en el prólogo de la Guerra Fría, con epicentro en Bogotá y la hecatombe del 9 de abril de 1948 cuando se llevaba a cabo la Novena Conferencia Panamericana; magnicidios, a su vez, que al lado de otros se refrendaron en el de Luis Carlos Galán, en 1989, y luego el de Álvaro Gómez, en 1995, conspicuo denunciante del Régimen; hasta el último del senador y precandidato presidencial Miguel Uribe, quien actuaba en la misma dirección y por igual fue asesinado este 2025 en medio del estupor del que aún no se recobran los colombianos, ni tampoco la democracia.

Pero a medida que ha crecido la impunidad en el caso del magnicidio de Álvaro Gómez, con unas últimas versiones sacadas de la manga por parte de las Farc en la Jurisdicción Especial de Paz, que más parecen una encerrona que cualquiera otra cosa concordante con las circunstancias penales determinantes de tiempo, modo y lugar, sus ideas se han proyectado en la actualidad y hoy exhiben más vigencia que nunca. Porque si hay algo distintivo en el pensamiento del líder inmolado es que solía adelantarse a las épocas e incluso solo mucho tiempo después llegaba a comprenderse a plenitud, como es consenso actual. Ciertamente, nada más moderno, al igual que antídoto ante la crisis en curso, que el pensamiento nítido y eminentemente contemporáneo del doctor Álvaro Gómez Hurtado, cuyo ideario es hoy patrimonio nacional.

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Para Álvaro Gómez la política hizo parte de la estética y no solo del ámbito del poder. Por eso siempre fue relevante, pues cada opinión, cada editorial, cada libro, cada conferencia, cada proyecto de ley, cada reforma constitucional (incluidas las sustanciales de la Asamblea Constituyente de 1991), hacían parte de una arquitectura dirigida única y exclusivamente a la mejora del país, que siempre fue su fin último. Precisamente, por defender esas ideas, por no cederlas a los ajustes tácticos propios del proselitismo vacuo, no llegó a la presidencia que, por lo demás, no era su obsesión. Lo que sí era determinante en su personalidad era el servicio al país desde donde estuviera y como un compromiso ideológico vital que lo autodefinía. Y, en ese sentido, era profundamente colombiano, sin duda un exponente de la raza nacional, pese a la gigantesca cultura universal de la que gozaba y que, sin embargo, no lo apartaba un milímetro, sino que, por el contrario, lo aproximaba a la definición de la Colombia verdadera hasta desmenuzar el más mínimo de sus componentes y el enaltecimiento dentro del concierto de naciones. En eso fue el más perseverante y consagrado de los políticos, sin dudar nunca en lo que había que hacer, siempre asumiendo todos los riesgos, midiendo constantemente la temperatura de la nación y abriendo horizontes con vocación de futuro, pues jamás dejó de jugarse por la esperanza aun en las condiciones más adversas para el país.

Muchos son los términos que se pueden recordar y que sirven para hacer una síntesis escueta de su pensamiento, inclusive dentro de la ingente creación de derecho público de la que hizo gala: concertación, solidaridad, bien común, planeación, elección popular, Fiscalía, ética, autoridad, justicia, buena fe, valores, seguridad, desburocratizar, crecimiento económico, pleno empleo, desarrollo, iniciativa privada, pensar en grande, meterle pueblo a la democracia…  Pero, igualmente, hay uno que hizo carrera como una de sus últimas formulaciones políticas esenciales: el Acuerdo sobre lo Fundamental.

Parte de ello se obtuvo en la Constitución de consenso que hoy nos rige, de la que fue copresidente y partícipe insigne. Pero, asimismo, siempre dejó en claro que, aun si este consenso se había logrado en alguna proporción, era indispensable para la nación colombiana continuar con el Acuerdo sobre los puntos fundamentales para la preservación institucional del país. Que es precisamente lo que hoy, tal vez como nunca, está en juego.

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Es el Acuerdo sobre lo Fundamental, entre todos los sectores demócratas que pretendan sacar adelante al país del atolladero en que se encuentra, lo que permitirá la lumbre de una nación que se merece una suerte mejor a la del abismo que le han impuesto. De eso se trata la actual campaña presidencial, no para dentro de unas semanas, sino aquí y ahora. En aras de la salvación de Colombia…