Hoy China comenzó a aplicar una tasa de 56 dólares a los buques estadounidenses que ingresen a sus puertos, medida que busca responder al arancel portuario de 50 dólares por tonelada neta que EE. UU. ya comenzó a cobrar a embarcaciones chinas. Esta decisión marca una escalada directa en la disputa comercial entre ambas potencias.
La tasa china se aplicará a barcos de propiedad, operación o bandera estadounidense, así como aquellos con capital o construcción vinculados a EE. UU. Quedan exentas las embarcaciones construidas en China, los buques vacíos ingresando para reparación y ciertas excepciones reguladas.
Washington, por su parte, impuso su gravamen portuario sobre navíos chinos que ya está vigente. Ambas tarifas aumentarán progresivamente hasta 2028, lo cual podría elevar considerablemente los costos de transporte marítimo bilateral y complicar las cadenas logísticas globales.
Los analistas advierten que esta tit-for-tat arancelaria podría impactar el comercio global, generar volatilidad en el sector naviero y presionar precios para exportadores e importadores. Empresas navieras han sufrido pérdidas recientes en bolsa y flujos de carga ya comienzan a alterarse.
Con esta jugada, China envía un mensaje claro: está dispuesta a equiparar cualquier medida que considere perjudicial para su industria. El nuevo capítulo en la guerra comercial con EE. UU. pone en jaque no solo rutas marítimas, sino también las negociaciones diplomáticas pendientes.
English version
China imposes new port fee on US ships in trade retaliation
Today China began applying a USD 56 port fee to U.S. vessels entering its ports, a response to the USD 50 per net ton fee that the U.S. has already started charging Chinese ships. This move signals a direct escalation in the trade confrontation between the two powers.
The Chinese fee targets vessels owned, operated, or flagged in the U.S., as well as ships with U.S.-linked capital or construction. Exemptions include ships built in China, empty vessels entering for repairs, and other regulated exceptions.
The U.S., for its part, already levied its port surcharge on Chinese ships. Both tariffs will increase gradually until 2028, potentially heightening maritime transport costs and disrupting global logistics chains.
Analysts warn that this tit-for-tat tariff approach may hit global trade, stir instability in the shipping industry, and pressure prices for exporters and importers. Shipping firms have suffered recent stock losses and cargo flows are already shifting.
With this move, China delivers a clear message: it is willing to match any measure deemed harmful to its industry. The new chapter in the U.S.–China trade war jeopardizes not only maritime routes but also pending diplomatic negotiations.



