

Viernes, 17 de Agosto 2025.-
Si algo ha quedado claro en las últimas semanas es que la administración Trump está decidida a repotenciar de forma inédita el combate a los carteles del narcotráfico y demás organizaciones terroristas transnacionales consideradas como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, poniendo especial énfasis en las que operan en Latinoamérica.
Prueba de ello es que en apenas siete meses ha tomado medidas sin antecedentes. De un lado, amplió el listado de facciones criminales mexicanas, centroamericanas, venezolanas y de otros países del área que cataloga como organizaciones delictivas enemigas de las autoridades y la sociedad estadounidenses. En segundo término, firmó una directriz que permite a sus fuerzas armadas realizar operaciones militares en el extranjero para combatir estas estructuras. De igual manera, por primera vez en la historia, señaló a un jefe de gobierno, en este caso el dictador Nicolás Maduro, como cabecilla de un cartel, específicamente el de “los soles”. Esto, acompañado de elevar la recompensa por el sátrapa chavista a 50 millones de dólares, el monto más alto en las últimas décadas por un criminal internacional. Y, finalmente, la prensa en Washington reveló que la Casa Blanca ordenó esta semana el despliegue de no menos de cuatro mil marines, unidades de asalto, barcos con armamento de última tecnología, aviones tácticos e incluso de un submarino de ataque en la región del mar Caribe con el objetivo de combatir el narcotráfico, delito al que ahora considera un “arma” de penetración y desestabilización criminal y, por ende, una amenaza a la seguridad nacional estadounidense.
El régimen dictatorial venezolano teme ser el primer blanco de esta nueva estrategia antidroga y antiterrorista de la administración Trump. De hecho, tanto la Casa Blanca como el jefe del Departamento de Estado reiteraron que la dictadura chavista es, en esencia, un cartel del narcotráfico. Aunque Maduro y compañía anunciaron que también desplegaron todas sus fuerzas militares, marítimas, terrestres y aéreas, es claro que si Estados Unidos decidiera realizar una operación castrense de amplio o mediano espectro contra el “cartel de los soles” o un golpe puntual a sus cabecillas, sería muy difícil de repeler.
En ese orden de ideas, es evidente que la administración Trump decidió apretar el acelerador de la lucha antidroga en todos sus niveles. No se puede asegurar que ordene una acción militar a corto plazo, pero es claro que hay un punto de inflexión en el combate al narcotráfico en Latinoamérica. Los narcorregímenes, es obvio, son los primeros en la mira.



