

/AFP
Viernes, 19 de Julio de 2025.-
Aunque desde la Cancillería y la embajada en Washington se insiste en que las relaciones con el gobierno de Estados Unidos se normalizaron y quedó atrás la crisis diplomática generada por las infundadas acusaciones del presidente Petro a altos funcionarios de la administración Trump, en cuanto a una presunta participación en un complot en su contra, lo cierto es que tanto desde la Casa Blanca como del Congreso norteamericano se mantiene una mirada crítica y prevenida sobre la Casa de Nariño.
De un lado, en la sesión del viernes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para analizar el último informe de la misión de verificación del acuerdo de paz en Colombia, la embajadora estadounidense criticó duramente la política de “paz total” del gobierno Petro. No solo advirtió sobre la accidentada negociación con los grupos armados ilegales, que no ha dado resultados tangibles, sino que alertó de un aumento de la violencia y la impunidad en muchas zonas del país, producto del fortalecimiento de las facciones delincuenciales.
Pero este no fue el único campanazo. Ad portas de conocerse si la Casa Blanca certificará o no la lucha antidroga colombiana, influyentes congresistas republicanos continúan advirtiendo las deficiencias de una estrategia que tiene al país con récord de narcocultivos y producción de cocaína. Incluso, el reconocido parlamentario Mario Díaz-Balart propuso un recorte del 22% en los fondos de asistencia exterior estadounidense para 2026. En el caso específico de nuestro país sostuvo que esa reducción de la ayuda es una respuesta a las «políticas fallidas» gubernamentales que han generado deterioro económico, aumento de la violencia política y el «envalentonamiento de la delincuencia transnacional».
A lo anterior se suma que Washington ya tendría decidida la imposición de un arancel del 10% a los productos colombianos. Es innegable que la Casa de Nariño se demoró en negociar una medida comercial en la que, además, la Casa Blanca exterioriza su inquietud por los acercamientos de Petro con China, el bloque de los Brics y el régimen venezolano.
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También crecen en Washington las alertas sobre la violencia política en Colombia, especialmente por el atentado a un candidato presidencial uribista, principal partido de oposición.
Paradójicamente, lejos de calmar las aguas, Petro volvió a cargar esta semana contra el gobierno Trump durante una controvertida alocución en la que hasta ‘sugirió’ trasladar la Estatua de la Libertad a Cartagena.


