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Negociación arancelaria con EE. UU.

* Retos de Colombia en este complejo proceso
* Urge estrategia conjunta Gobierno-gremios

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MINCOMERCIO

Foto /Mincomercio

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Martes, 15 de Abril de 2025

Tras el fuerte impacto inicial por la decisión de Estados Unidos de subir los aranceles a los productos, bienes y servicios provenientes de decenas de países, muchos gobiernos ya le plantearon a Washington que abra un espacio para analizar las causas que llevaron a ese incremento y buscar puntos de consenso que permitan normalizar la relación comercial bilateral. En gran parte, por ello la Administración Trump decidió suspender las medidas por noventa días, con excepción de China, potencia con la que se mantiene una escalada de tarifas y retaliaciones recíprocas.

En el caso de Colombia, como lo indicó la ministra encargada de Comercio, ya se radicaron las respectivas cartas ante el gobierno Trump para analizar las implicaciones del arancel del 10% que se les impuso a las exportaciones de nuestro país que ingresan al mercado norteamericano. De hecho, se anunció que en la última semana de abril vendrá a Bogotá un delegado del Alto Representante Comercial de Estados Unidos con quien se adelantarán conversaciones en pos de mitigar, disminuir o incluso lograr el desmonte del citado arancel.

Hay que ser claros: no será una negociación fácil ni mucho menos. Aunque algunos sectores nacionales e internacionales consideran, equivocadamente, que los países y el porcentaje de agravamiento de los impuestos de entrada de los productos a Estados Unidos fue una decisión caprichosa y marcadamente política del presidente Trump, lo cierto es que cada medida está soportada de forma técnica y detallada, obviamente desde la óptica norteamericana.

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De hecho, el principal documento base es el “Informe Nacional de Estimaciones sobre Barreras al Comercio Exterior 2025”, elaborado precisamente por la Oficina del Representante Comercial estadounidense. Allí están señalados, nación por nación y barrera por barrera, los elementos y prácticas “desleales o restrictivas” que la administración republicana considera que producen un desbalance en el intercambio de productos y qué se necesitaría modificar para poder, como se dice popularmente, nivelar la mesa.

Sobre el caso colombiano la radiografía es bastante puntual. De entrada, según el análisis hecho por la Cámara de Comercio Colombo Americana (AmCham Colombia) al documento de la Oficina del Representante Comercial estadounidense, favorece que “aunque se habla de ciertas barreras comerciales, como requisitos técnicos y medidas sanitarias específicas, no se encuentra (nuestra nación) entre los países con mayores inconvenientes identificados por EE. UU. Esto sugiere que, aunque existen áreas de preocupación, el nivel de atención y posible acción por parte de EE. UU. hacia Colombia es menor en comparación con países como Canadá, China o la Unión Europea”.

Sin embargo, luego se pasa a una descripción muy detallada de los temas que incomodan a la potencia del norte: asuntos pendientes en la implementación del tratado de libre comercio vigente desde 2012; peros a las políticas de importación, sobre todo por la demora en la facturación electrónica aduanera; barreras técnicas al comercio y restricciones sanitarias; críticas a instrumentos normativos que afectan la entrada de vehículos y autopartes, cosméticos o leche en polvo; coletazo del decreto sobre registro de instalaciones extranjeras; inconformismo con la medida nacional que exige acuerdos gobierno-gobierno para adquisiciones del Ministerio de Defensa; alertas por incumplimientos de normas sobre propiedad intelectual; urgencia de ajustes al Código de Comercio en cuanto a “protecciones excesivas” a agentes comerciales; objeción a algunos gravámenes a empresas digitales extranjeras que operan en el país; y, finalmente, está la preocupación norteamericana sobre deficientes medidas de protección sindical, que tienen un capítulo específico en el TLC bilateral.

Como se ve, no son pocos ni sencillos los temas a negociar con el gobierno Trump. Obviamente, en muchos de ellos Colombia deberá defender con ahínco las medidas vigentes, buscando su permanencia o, si es el del caso, consensuar los ajustes necesarios, siempre en pos de una balanza comercial equilibrada. Más aún porque algunas de las barreras, coberturas y condicionamientos de que se queja Washington están alineados con normas de la Organización Mundial del Comercio y protegen sectores nacionales del agro, industria, consumo y otros rubros altamente sensibles en materia de empleo, divisas e impacto socioeconómico. Hay que tener mucho cuidado ahí.

Claramente, no se puede desconocer que, por realpolitik, hay una asimetría intrínseca en la negociación, pero en esa misma situación está la mayoría de países que dialogará con la Casa Blanca en el marco de este proceso de reconsideración del alza arancelaria.

Por el momento, es importante que el Ministerio de Comercio, que encabezará las negociaciones ─y debería tener a los efectos de un asunto de tan alto calado un o una titular en propiedad─, llame a AmCham Colombia y a los gremios en general para delinear una estrategia conjunta y objetiva. No es momento de pulsos políticos ni ideológicos. Hay mucho en juego para el país.