* Variantes del “aquí estoy y aquí me quedo”
* Ni nuevas elecciones ni frentes nacionales
/Archivo AFP
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Jueves, 15 de Agosto de 2024
* Variantes del “aquí estoy y aquí me quedo”
* Ni nuevas elecciones ni frentes nacionales
No se entiende a cuento de qué tanto rodeo frente a un resultado tan claro como la salida del sol: el triunfo de los demócratas venezolanos sobre la dictadura madurista en las elecciones del 28 de julio.
Porque, a no dudarlo, lo que masivamente ganó en Venezuela fue la democracia. De eso en ninguna parte del planeta queda la menor sospecha. Es decir, lo que se dio en el país hermano fue un clamoroso plebiscito popular en favor de un sistema democrático cuyo fundamento es, precisamente, completamente antagónico a la satrapía que, reducida a escombros por vía de las urnas, no tiene el más mínimo asidero de legitimidad.
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Frente a ello, el lamentable espectáculo que están dando algunos gobiernos de otros países, que se empeñan en buscar salidas diferentes a esa nítida manifestación electoral, no es sino una demostración de complicidad con el espurio régimen. Y, por tanto, también pueden ser declarados como enemigos de la libre autodeterminación de los pueblos.
Desde luego, este concepto universal indica que Venezuela no puede quedarse así no más, a la vera del camino y al descoque de los actuales detentadores del poder, y que por el contrario las consecuencias electorales deben producirse aquí y ahora. Porque esa autodeterminación, íntimamente relacionada con la soberanía popular, ya dio su veredicto. Es lo que en la arena internacional hay que hacer respetar. El resto, incluidas propuestas extravagantes, no son más que distracciones con miras a hacerse el de la vista gorda. Ni nuevas elecciones ni frentes nacionales ni nada que no sea la transición del mando en los plazos estipulados en la ley y la preparación del nuevo gabinete, además de una planificación para la reinstitucionalización del país y la recuperación de su tejido social, tienen validez.
En efecto, lo que a todas luces puede observarse es la tremenda fragilidad política que padece la dictadura militar. Cualquier propuesta dirigida a permitir su prevalencia no es más que un velado propósito de darle oxigenación. Y de paso tratar de disipar en el tiempo el grito de liberación dado por el 70% de los venezolanos a través de sus votos.
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Justamente, aparte de la solidaridad con el pueblo hermano, el interés de Colombia debe pasar, en primer lugar, por hacer valer esa noción de libre autodeterminación de los pueblos. Es una característica insoslayable de la política internacional colombiana.
La comunidad internacional, salvo muy contadas y cuestionables excepciones, está en la misma línea. Entiende que repetir las elecciones solo beneficia a los usurpadores y legitima el fraude cometido. Lejos de inclinarse por flexibilizar las sanciones a la dictadura o promover indultos a los delitos de lesa humanidad perpetrados por el régimen, exige que refuercen las medidas de presión y que la Corte Penal Internacional acelere los procesos contra la cúpula chavista.
De paso es cerrado el respaldo a las posturas firmes de la líder María Corina Machado y el propio ganador en las urnas, Edmundo González. La primera recalcó que “plantear desconocer lo ocurrido el 28 de julio para mí es una falta de respeto a los venezolanos que lo han dado todo (…). La soberanía popular se respeta”. El segundo fue más enfático aún: “Las elecciones presidenciales en Venezuela se realizaron el pasado 28 de julio y las ganó abrumadoramente Edmundo González Urrutia. Reiteramos nuestro compromiso con la democracia, la paz y con Venezuela”.


