Petro, mentiras y Venezuela
Gustavo Petro ha sostenido al menos seis cumbres bilaterales con Nicolás Maduro, y al final de varias de esas reuniones decían estar hablando del tema del gas. ¿Si hablaban del gas? ¿O hablaban de otra cosa y el gas les servía de mampara?.
hace 13
A los gobrnantes es bueno evaluarlos también por su carácter. En los últimos días hemos tenido la oportunidad de leer diversos balances de los dos años que cumplió el gobierno de Gustavo Petro, muchos de ellos con datos y análisis acertados a la hora de contabilizar resultados, pero hay un aspecto que tal vez no ha sido suficientemente revisado: ¿qué tanto confía el país en el Presidente?
Ese, el de la confianza, es un atributo que se ha venido deteriorando de manera vertiginosa. Un estudio revelado en abril, de la consultora Edelman, dice que solo un 31% de los colombianos confía en el Gobierno de Gustavo Petro, una caída importante con respecto al 40% que confiaba en 2023.
En lo corrido de estos 730 días, Petro no ha sido eficaz en construir confianza, por el contrario, no ha mostrado pudor alguno en hacer afirmaciones engañosas o falsas. No es corta la lista de sus salidas que riñen con la verdad. Desde cuando era presidente electo, recordemos, se desapareció durante varios días y su equipo salió con el pretexto de que estaba en Caño Cristales. Pronto la mentira quedó en evidencia cuando se demostró que su visita había sido en otras fechas.
Y desde entonces nunca ha dado una explicación al país sobre sus repentinas y ya legendarias desapariciones. ¿Qué es lo que realmente sucede con el mandatario? ¿Por qué se pierde y deja plantadas a todo tipo de comunidades y dirigentes sin explicación alguna? Ese ocultamiento, sobre todo teniendo en cuenta que el presidente ha fallado en sus labores de gobierno por esas perdidas, se suma a la falta de transparencia de la que venimos hablando.
En el ejercicio del poder público, es bien sabido, hay mayores exigencias de ser transparente con la información porque se trata de que los ciudadanos tengan un conocimiento adecuado de lo que ocurre para poder tomar decisiones.
El presidente Petro también se ha mostrado poco fiable en pequeños detalles, como cuando recién posesionado, en la euforia que mostró por decir que era un gobierno del pueblo, ordenó abrir la Plazoleta Núñez, vecina de la Casa de Nariño, para el disfrute de todos. Pero más se demoraron tomando la foto para el show en medios que en volver a cerrar las rejas y en poner muchos más filtros para vetar el paso de la gente por un perímetro más amplio.
Es solo una anécdota, pero retrata en buena medida ese talante de hacer promesas a la gente o que no puede cumplir o que no le interesa hacerlo. Precisamente otro capítulo es el de las promesas imposibles de cumplir, que terminan siendo un engaño a los ciudadanos. El tren elevado de Buenaventura a Barranquilla, por ejemplo, que Petro se sacó del sombrero para poder unir su nombre al de una obra de esta magnitud convencido que le traería votos. Sobra decir que al día de hoy el proyecto no va en nada.
O la promesa que hizo de comprar tres millones de hectáreas de tierra para entregar a campesinos; al poco tiempo, cuando se dio cuenta del tamaño de su ambición, dijo que mejor entregaría la mitad. Y este año, el Presidente ya va en que solo se podría comprar esa tierra, al paso que va su gobierno, en 40 años. Lo curioso es que ya no la menciona como una promesa suya sino que se la atribuye al acuerdo de paz firmado con las FARC.
También prometió que iba a bajar las tarifas de energía, pero como no ha podido, se ha dedicado a echar culpas a diestra y siniestra, primero culpó a los alcaldes y gobernadores, que no tienen nada que ver con las tarifas, y ayer le estaba echando la culpa al Consejo de Estado por un fallo, cuando este simplemente cumple la función que le ordena la Constitución.
En cada uno de esos casos se repite un modus operandi: se lanzan promesas con el ánimo de ilusionar a los que menos tienen, retrata el desprecio de este gobierno por lo técnico, y demuestra que echar números para ver si alcanza la plata, hacer planes con una metodología clara, no es lo suyo.
Esta semana quedó al descubierto una nueva y gran incongruencia de Petro. La compra de gas natural a Venezuela, que el gobierno viene cacareando en los últimos dos años, ahora resulta que, según nos viene a decir el ministro de minas, Andrés Camacho, no es viable ni técnica, ni financieramente. ¿Por qué sostuvo el gobierno la mentira tanto tiempo?
Gustavo Petro ha sostenido al menos seis cumbres bilaterales con Nicolás Maduro, y al final de varias de esas reuniones decían estar hablando del tema del gas. ¿Si hablaban del gas? ¿O hablaban de otra cosa y el gas les servía de mampara? ¿Para qué otros temas han hecho reuniones cara a cara y, en promedio, cada tres meses?
Esas preguntas son ahora más pertinentes cuando Gustavo Petro se ha puesto en la tarea de ayudarle a Nicolás Maduro a mantenerse en el poder, en un acto insólito de respaldo a lo que hoy no es más que una dictadura.
Lo que ha ocurrido en los últimos días, desde cuando Maduro perdió en las urnas, según observadores como el Centro Carter, no tiene mucha explicación. El presidente de Colombia no solo se ha dedicado a darle oxígeno a un tirano que ha provocado hambre y sufrimiento al pueblo de Venezuela, sino que ha convencido a otros mandatarios para que le den un compás de espera a Maduro.



