Si como dijo Trump al salir del juicio, el veredicto real será el que dé la gente en las urnas el 5 de noviembre, esperemos a ver qué tiene para decir el pueblo estadounidense.
El cimbronazo por el veredicto que acaba de convertir a Donald J. Trump en el primer expresidente de Estados Unidos en ser acusado y condenado penalmente se sintió en todas partes. Y sin embargo en estos tiempos extraños de distorsión de la realidad y relativización de valores, nada parece que vaya a cambiar en la carrera electoral de ese país.
Al contrario, todo indica que Trump saldrá fortalecido de este bochornoso episodio. Tanto sus compañeros del partido republicano han salido a darle su apoyo como sus simpatizantes han consolidado la idea de que todo esto es una caza de brujas contra su líder. Todo muy en línea con esa realidad paralela y polarizante que se vive en Estados Unidos desde hace ya demasiados años.
Por un lado los hechos: un expresidente que aspira a volver a la presidencia y al que un jurado de 12 personas acaba de encontrar, por unanimidad, culpable de 34 delitos. Todos estos relacionados con la falsificación contable para ocultar el pago por el silencio de una actriz porno con la que presuntamente mantuvo una relación extramatrimonial. Con el agravante de que ese pago se hizo en año de elecciones para tratar de callar a la actriz y así defraudar, según lo indica la Justicia, a los votantes.
Por el otro, el incuestionable arraigo cultural que tiene la figura de Trump en gran parte del país. Su presencia, su narrativa y su discurso han logrado calar hondo, y aunque el veredicto reciente bien le podría valer un puesto en la historia universal de la infamia, las repercusiones no serán las que una sociedad sana podría suponer. Ni las encuestas vaticinan grandes cambios en el voto, ni el Partido Republicano va a dejar de apoyar a esta figura política que logró conectar con una inmensa masa de votantes que le tiene fe ciega. El objetivo claro es retomar el poder a como dé lugar.
Este caso nos debe servir para hacer una reflexión: el delito no tiene ideología. Se tiene que condenar a cualquiera que se salte las leyes así sea de los afectos de un grupo político particular. No se puede relativizar la ley, la norma y los valores en una sociedad por el hecho de que se simpatice con las ideas del que comete el delito. Por encima de las ideologías debe estar siempre la ley y la Constitución.
Varias ideas van emergiendo tras este veredicto histórico. Una de ellas, tal vez la más importante de todas, es que pese al esfuerzo implacable de Trump por lanzar ataques constantes contra el sistema judicial, la ley ha prevalecido. Queda demostrado que ante ella todos deben someterse sin importar rango o condición. Y le recuerda al expresidente que todavía le quedan otras causas abiertas ante la justicia por cargos mucho más graves como son difundir mentiras y participar en una conspiración criminal para anular las elecciones de 2020.
Porque otro asunto que queda expuesto es el del impulso crónico que sufre Trump por saltarse las normas democráticas y la ley para sus propios fines. Todas las pruebas demostraron lo que está dispuesto a hacer, y de paso cómo no solo le da igual infringir la ley sino que empuja a otros a infringirla para conseguir los beneficios políticos que se le antojen. Valga recordar que quienes testificaron fueron personas que en uno u otro momento gravitaron a su alrededor e hicieron parte de su entorno cercano. Stormy Daniels, exestrella del porno y supuesta amante; Michael Cohen, exabogado y conocedor de infinitos secretos, o Hope Hicks quien fuera directora de comunicaciones de la Casa Blanca.
En todo caso, esta historia continuará el próximo 11 de julio, día que ha fijado el juez Juan Merchan para dictar sentencia contra el expresidente, que podría enfrentar hasta cuatro años en prisión -algo bastante improbable- o libertad condicional. Merchan, nacido en Bogotá, dio innumerables muestras de su sentido de justicia y su capacidad de contención a lo largo del juicio. El expresidente no se cansó de provocarlo y desobedecer sus órdenes durante las seis semanas que este duró. Y tuvo la caradura de llamarlo “corrupto” al conocer el veredicto del jurado. En realidad todo muy coherente con su forma histriónica de actuar.
Si como dijo Trump en tono desafiante al salir del juicio, el veredicto real será el que dé la gente en las urnas el 5 de noviembre, esperemos a ver qué tiene para decir el pueblo estadounidense. Sea lo que sea, habrá que aceptarlo como parte del ejercicio de esto que llamamos democracia.
Si como dijo Trump al salir del juicio, el veredicto real será el que dé la gente en las urnas el 5 de noviembre, esperemos a ver qué tiene para decir el pueblo estadounidense.
hace 7 horas
El cimbronazo por el veredicto que acaba de convertir a Donald J. Trump en el primer expresidente de Estados Unidos en ser acusado y condenado penalmente se sintió en todas partes. Y sin embargo en estos tiempos extraños de distorsión de la realidad y relativización de valores, nada parece que vaya a cambiar en la carrera electoral de ese país.
Al contrario, todo indica que Trump saldrá fortalecido de este bochornoso episodio. Tanto sus compañeros del partido republicano han salido a darle su apoyo como sus simpatizantes han consolidado la idea de que todo esto es una caza de brujas contra su líder. Todo muy en línea con esa realidad paralela y polarizante que se vive en Estados Unidos desde hace ya demasiados años.
Por un lado los hechos: un expresidente que aspira a volver a la presidencia y al que un jurado de 12 personas acaba de encontrar, por unanimidad, culpable de 34 delitos. Todos estos relacionados con la falsificación contable para ocultar el pago por el silencio de una actriz porno con la que presuntamente mantuvo una relación extramatrimonial. Con el agravante de que ese pago se hizo en año de elecciones para tratar de callar a la actriz y así defraudar, según lo indica la Justicia, a los votantes.
Por el otro, el incuestionable arraigo cultural que tiene la figura de Trump en gran parte del país. Su presencia, su narrativa y su discurso han logrado calar hondo, y aunque el veredicto reciente bien le podría valer un puesto en la historia universal de la infamia, las repercusiones no serán las que una sociedad sana podría suponer. Ni las encuestas vaticinan grandes cambios en el voto, ni el Partido Republicano va a dejar de apoyar a esta figura política que logró conectar con una inmensa masa de votantes que le tiene fe ciega. El objetivo claro es retomar el poder a como dé lugar.
Este caso nos debe servir para hacer una reflexión: el delito no tiene ideología. Se tiene que condenar a cualquiera que se salte las leyes así sea de los afectos de un grupo político particular. No se puede relativizar la ley, la norma y los valores en una sociedad por el hecho de que se simpatice con las ideas del que comete el delito. Por encima de las ideologías debe estar siempre la ley y la Constitución.
Varias ideas van emergiendo tras este veredicto histórico. Una de ellas, tal vez la más importante de todas, es que pese al esfuerzo implacable de Trump por lanzar ataques constantes contra el sistema judicial, la ley ha prevalecido. Queda demostrado que ante ella todos deben someterse sin importar rango o condición. Y le recuerda al expresidente que todavía le quedan otras causas abiertas ante la justicia por cargos mucho más graves como son difundir mentiras y participar en una conspiración criminal para anular las elecciones de 2020.
Porque otro asunto que queda expuesto es el del impulso crónico que sufre Trump por saltarse las normas democráticas y la ley para sus propios fines. Todas las pruebas demostraron lo que está dispuesto a hacer, y de paso cómo no solo le da igual infringir la ley sino que empuja a otros a infringirla para conseguir los beneficios políticos que se le antojen. Valga recordar que quienes testificaron fueron personas que en uno u otro momento gravitaron a su alrededor e hicieron parte de su entorno cercano. Stormy Daniels, exestrella del porno y supuesta amante; Michael Cohen, exabogado y conocedor de infinitos secretos, o Hope Hicks quien fuera directora de comunicaciones de la Casa Blanca.
En todo caso, esta historia continuará el próximo 11 de julio, día que ha fijado el juez Juan Merchan para dictar sentencia contra el expresidente, que podría enfrentar hasta cuatro años en prisión -algo bastante improbable- o libertad condicional. Merchan, nacido en Bogotá, dio innumerables muestras de su sentido de justicia y su capacidad de contención a lo largo del juicio. El expresidente no se cansó de provocarlo y desobedecer sus órdenes durante las seis semanas que este duró. Y tuvo la caradura de llamarlo “corrupto” al conocer el veredicto del jurado. En realidad todo muy coherente con su forma histriónica de actuar.
Si como dijo Trump en tono desafiante al salir del juicio, el veredicto real será el que dé la gente en las urnas el 5 de noviembre, esperemos a ver qué tiene para decir el pueblo estadounidense. Sea lo que sea, habrá que aceptarlo como parte del ejercicio de esto que llamamos democracia.




