La confesión de Nicolás Petro

      Comentarios desactivados en La confesión de Nicolás Petro

Es increíble que, ante un señalamiento tan serio, lo único que pueda contestar el presidente es que ese acto ocurrió antes del inicio oficial de la campaña, y por tanto no involucra las cuentas oficiales. Toda una leguleyada.

¿En qué universo es siquiera concebible que a uno lo aborde un sujeto y le ofrezca 100 millones de pesos en efectivo a título de puro obsequio? ¿Y más aún, si uno es el hijo de un candidato a la Presidencia de la República? Esto solo es posible en un universo de extrema degradación.

El relato que hizo Nicolás Petro a la Fiscalía y que fue dado a conocer por la revista Semana produce una profunda repugnancia. Y todos sus sinónimos: asco, fastidio, desprecio. Por no hablar desde el terror que produce lo ocurrido visto desde la teoría de la democracia.

Y no es para menos. Estamos hablando de que el hijo del presidente Gustavo Petro reconoce que él recibió de cuatro contratistas de diferentes regiones del país – de estos que se chupan el presupuesto de los colombianos –, al menos 1.600 millones de pesos.

La confesión de Petro junior no se queda solo en sus propios pecados, relata que también a Verónica Alcocer, la esposa del presidente, le mandaban millones de pesos en fajos de billetes. “Era en un morral, podrían ser 50, 100 millones de pesos, eran fajos”, delató Nicolás ante la Fiscalía.

Y como si fuera una de esas series retorcidas en las que cada hecho es peor que el anterior, ese morral lleno de fajos de billetes, lo transportó la hoy directora de Artesanías de Colombia, Adriana Mejía. ¿Qué ha dicho la señora Mejía al respecto? ¿Hasta ahora nada?

Por supuesto que esta, como todas las declaraciones que entregó Nicolás Petro, deben ser sujetas a rigurosa investigación y verificación. Pero por lo pronto la fotografía del momento nos pone frente a una de las peores escenas de corrupción que recordemos en la época reciente, que salpica a la cabeza del Estado en Colombia.

Si el presidente Gustavo Petro sabía o no sabía es otra historia. Su hijo le dijo a la Fiscalía que sí. Y las evidencias lo respaldan. Nicolás cuenta que su papá los escuchaba hablar de cómo el contratista Euclides Torres estaba poniendo mucha plata en la campaña. Además todo el país vio cómo Gustavo Petro convirtió a Armando Benedetti en su hombre de confianza para las elecciones y una vez ganó lo mandó al exilio dorado en Caracas donde no le hacía ruido con sus escándalos de corrupción a cuestas. En últimas, un hombre que se precia de pescar corruptos casi que con su olfato, como Gustavo Petro, no se le podía pasar enfrente de sus narices la corrupción sin darse cuenta.

Esta realidad, que en el pasado nos ha indignado también, nos indigna hoy de manera muy especial por una razón, y es que nos habían prometido un cambio.

En efecto, desde el principio, Gustavo Petro edificó sus aspiraciones políticas afirmando una superioridad moral con respecto al resto del sistema político. No dejaba títere con cabeza: para ese sistema, y para quienes en él han participado, no ahorraba epítetos, y los llamaba mafiosos, asesinos, genocidas, corruptos. La narrativa de Colombia que él ha construido, de opresión y de corrupción, a la cual se le pondría fin gracias al “cambio”.

Esa era su promesa, y por ello es aún más impactante ver esas mismas prácticas, o peores, asociadas con su campaña.

Dan tristeza también ciertas reacciones del presidente de la República ante estas revelaciones. La más singular, tal vez, aquella de desestimar las acusaciones según las cuales la gran marcha de la “P” – aquella en la que extraoficialmente y de manera mañosa se lanzó su campaña antes de tiempo –, habría sido financiada por el contratista Torres, quien al parecer tiene intereses multimillonarios en varios aspectos de la gestión pública. Es increíble que, ante un señalamiento tan serio, lo único que pueda contestar el presidente es que ese acto ocurrió antes del inicio oficial de la campaña, y por tanto no involucra las cuentas oficiales. Toda una leguleyada.

Muy molesto también reaccionó el presidente al conocerse que la Fiscalía General compulsó copias para que se investigue su participación en estas conductas. ¿Qué esperaba Petro, que la Fiscalía se hiciera la de la vista gorda? Con el perdón del presidente, nadie está por encima de la ley ni de la obligación de responder ante las autoridades. Por supuesto ellas deben actuar dentro de sus competencias y con respeto del fuero que tiene el Primer Mandatario. Pero la simple mención de una compulsa de copias no tendría por qué motivar tan airada reacción.

En el fondo, tal vez estemos ante la revelación, cada vez ilustrada con más y más hechos, que el líder de la campaña del “cambio”, el otrora luchador Gustavo Petro, decidió en algún momento, seducido por el poder, venderle el alma al diablo. .