En Washington D.C., Estados Unidos, el presidente Donald Trump afirmó este 24 de febrero de 2026 ante el Congreso que su país ha recibido **más de **80 millones de **barriles de crudo procedentes de Venezuela, al que describió como “nuevo amigo y socio” en materia energética, en medio de un viraje significativo en la política exterior y las relaciones bilaterales entre ambos países. Esto ocurre tras la captura en enero del líder venezolano Nicolás Maduro en el marco de un operativo estadounidense.
Trump destacó que la producción de energía de Estados Unidos ha crecido substancialmente, con un aumento de más de 600 000 barriles por día, lo que, según él, ha reforzado la seguridad energética y contribuido a la reducción de los precios internos de combustibles. El presidente presentó estos datos como una pieza clave de su narrativa sobre el “fortalecimiento” de la economía estadounidense.
No obstante, analistas externos han señalado que las cifras reales de exportaciones de petróleo venezolano hacia Estados Unidos son significativamente menores a las mencionadas por Trump, con datos de seguimiento marítimo que sugieren volúmenes más limitados desde enero hasta febrero de este año. Esta discrepancia ha generado debates sobre la transparencia de los datos energéticos y la forma en que se comunica el impacto de estos movimientos comerciales.
Este acercamiento energético se da en un contexto internacional más amplio, donde Washington ha suavizado gradualmente las sanciones históricas que pesaban sobre el sector petrolero venezolano y ha buscado integrar al país caribeño en cadenas de suministro petrolero más amplias. Paralelamente, la administración estadounidense también negocia acuerdos sobre el destino del crudo venezolano en otros mercados internacionales, como India, en un intento por diversificar alianzas y reducir dependencias geopolíticas de otros productores como Rusia.
La redefinición de las relaciones Estados Unidos–Venezuela tras la captura de Maduro y la reciente cooperación en temas energéticos ha generado expectativas y críticas en distintos foros internacionales. Algunos gobiernos observan este cambio con interés por sus posibles efectos en los precios globales del petróleo, mientras que sectores de oposición venezolana y expertos en política exterior advierten sobre riesgos asociados a condicionar la soberanía energética a acuerdos que podrían favorecer desbalance de poder.
English version
Trump Touts Venezuela as Energy Ally After Claiming Over 80 Million Barrels of Oil Received
In Washington, D.C., United States, President Donald Trump told Congress on February 24, 2026, that his administration has received **more than 80 million barrels of oil from Venezuela, calling the South American nation a “new friend and partner” in energy matters—a sharp shift in U.S.–Venezuela relations that followed the January capture of Venezuelan leader Nicolás Maduro during a U.S. operation. (EFE Noticias)
Trump highlighted that U.S. energy production has risen significantly, citing an increase of over 600,000 barrels per day, which he said has strengthened energy security and helped lower domestic fuel prices. The president framed this as a cornerstone of his economic messaging.
However, external analysts have pointed out that actual Venezuelan oil exports to the United States are substantially lower than Trump’s claims, based on maritime tracking data for shipments from January to February. These differing figures have sparked debate over the accuracy and transparency of publicly shared energy statistics.
This energy rapprochement comes amid broader international developments, with Washington gradually loosening long-standing sanctions on Venezuela’s oil sector and exploring integration into broader global supply chains. The U.S. is also engaging in talks to market Venezuelan crude with other major buyers such as India, seeking to build strategic partnerships while reducing dependence on rivals like Russia.
The redefinition of U.S.–Venezuela relations since Maduro’s capture and the emerging energy cooperation have elicited interest and criticism globally. Some governments are watching for potential impacts on global oil prices, while opposition figures and foreign policy experts warn of risks tied to aligning Venezuela’s energy sovereignty with agreements that could entrench power imbalances.



