Por Francisco Josè Lloreda Mera

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Por:Francisco José Lloreda Mera

Hacer el balance de un gobierno de ocho años en pocos caracteres es una tarea difícil. No puede ser exhaustivo y lleva la impronta de las áreas de interés de quien lo escribe. Pero es pertinente hacerlo para resaltar algunos de los más importantes logros -cuyas políticas se deben continuar- y hacer un análisis constructivo de ciertos temas críticos. Veamos, como ejemplo, tres aspectos a resaltar y tres en los que el Gobierno no acertó.

La desmovilización y desarme de un número importante de miembros de las Farc es sin duda un hecho histórico. Independiente de los desaciertos (entre los cuales están, el remedo de justicia liderado por la JEP, el cuestionado aporte de la Comisión de la Verdad, las disidencias y la manipulación del caso ‘Santrich’ para evitar su extradición) superar el conflicto con ese grupo y tener menor víctimas suyas a futuro, es positivo.

La reducción de la pobreza y la mejoría en equidad también ameritan reconocimiento. Pese a que hay regiones del país aún sumidas en la miseria y el abandono, como la Pacífica, lo logrado en vivienda, acueducto y alcantarillado y primera infancia no tiene comparación reciente. Tampoco el programa de financiación pública de la educación superior Ser Pilo Paga, una apuesta sin duda revolucionaria y de impacto estructural.

Un tercer frente que debe destacarse es infraestructura. Haciendo a un lado los casos de corrupción –vergonzosos y que reclaman todo el peso de la ley- lo que el país logró en materia vial, aeroportuaria, y en puertos marítimos, no tiene precedentes en las últimas décadas. Aún estamos lejos de tener las autopistas que el país necesita y hay regiones aisladas, en especial la Pacífica y la Orinoquía, pero se avanzó y bastante.

Pero no todo es color rosa. Pese al trabajo descomunal de nuestras Fuerzas Militares y de Policía, el narcotráfico está disparado y da combustible al crimen organizado, a las disidencias y al ELN (que logró su objetivo de llegar al final del Gobierno entre ceses al fuego y atentados terroristas para fortalecerse). Y entre las políticas erradas del actual Gobierno, la de antinarcóticos. El incremento en los cultivos ilícitos prueba su fracaso.

En los últimos años el país también retrocedió en competitividad lo que incidió en el crecimiento. Al sector industrial y al minero-energético no le fue muy bien, lo que sí le ocurrió al bancario, a la construcción y al turismo. Pero una constante de los últimos años fue la incertidumbre. No ayudó la polarización, los bandazos en temas críticos, la desarticulación al más alto nivel, y el nerviosismo electoral durante el último año.

Y hace ocho años el Gobierno decidió recomponer la relación con algunos países de la región, lo que tuvo sentido en su momento. Pero tardó en tomar distancia de Maduro, ayudando a legitimar una dictadura que nos hace daño. Además del lío migratorio hay uno crítico, de seguridad nacional: el ELN. No en vano esta guerrilla se ha robustecido; se siente a sus anchas y sin afán de negociar. Está cómoda y protegida en Venezuela.

Gobernar no es fácil y son inevitables los aciertos y los errores. El curso del tiempo se encargará de evaluar la presidencia de Juan Manuel Santos y determinar su legado. Por lo pronto, sólo queda esperar que la reintegración de las Farc se concrete, que no se baje la guardia en reducción de pobreza, en educación y en infraestructura, y que el presidente Duque se la juegue por mejorar la seguridad y la competitividad del país.

EL PAIS