Más del 60% de firmas para candidaturas presidenciales resultaron inválidas: ¿fracaso del sistema democrático?

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Por: Luis Alberto Figueroa, Comunicador Social Periodista. Tarjeta Profesional 0222 expedida por el Ministerio de Educación Nacional

El sistema de recolección de firmas para respaldar candidaturas presidenciales en Colombia enfrenta una crisis de credibilidad tras revelarse que la mayoría de las rúbricas presentadas ante la Registraduría Nacional resultaron ser inválidas. Los casos más recientes evidencian que entre seis y siete de cada diez firmas no cumplen con los requisitos legales, lo que pone en entredicho la efectividad de este mecanismo como herramienta democrática y genera cuestionamientos sobre posibles reformas electorales.

El caso más emblemático es el de Abelardo de la Espriella, quien entregó con gran despliegue mediático 5.079.000 firmas ante la autoridad electoral. Sin embargo, tras el proceso de verificación, solo 1.978.108 fueron validadas, representando apenas el 38,9% del total. Esto significa que más del 62% de las firmas presentadas por este aspirante presidencial no cumplían con los requisitos establecidos por la ley, evidenciando serias irregularidades en el proceso de recolección.

Otro ejemplo que ilustra la magnitud del problema es el de Carlos Caicedo, quien aportó 2.413.425 firmas para respaldar su candidatura. De este universo, únicamente 738.602 fueron avaladas por la Registraduría, lo que representa apenas tres de cada diez rúbricas válidas. Esto implica que aproximadamente el 70% de las firmas presentadas fueron rechazadas, superando incluso el porcentaje de invalidez del caso anterior.

Esta situación plantea serios interrogantes sobre la utilidad real del mecanismo de firmas como requisito para acceder a la contienda electoral. Muchos analistas políticos señalan que los aspirantes utilizan este camino principalmente como estrategia publicitaria, permitiéndoles posicionarse mediáticamente meses antes que sus competidores, para finalmente optar por el aval de un partido político tradicional. Esta práctica desvirtúa el espíritu original de la norma, que buscaba democratizar el acceso a las candidaturas.

Ante este panorama de irregularidades electorales, surge la necesidad de que los futuros congresistas consideren una reforma electoral integral que establezca controles más estrictos y sanciones efectivas para quienes abusen del sistema. La democracia colombiana requiere mecanismos transparentes y confiables que garanticen la legitimidad de las candidaturas y eviten que el proceso de recolección de firmas se convierta en un simple ejercicio publicitario plagado de inconsistencias que erosionan la confianza ciudadana en las instituciones electorales.


English version

Over 60% of Signatures for Presidential Candidates Proved Invalid: Democratic System Failure?

By: Luis Alberto Figueroa, Social Communicator and Journalist. Professional License 0222 issued by the Ministry of National Education

Colombia’s signature collection system for supporting presidential candidates faces a credibility crisis after it was revealed that most signatures submitted to the National Registry Office turned out to be invalid. Recent cases show that between six and seven out of every ten signatures fail to meet legal requirements, calling into question the effectiveness of this mechanism as a democratic tool and raising concerns about potential electoral reforms.

The most emblematic case involves Abelardo de la Espriella, who submitted 5,079,000 signatures to the electoral authority with great media fanfare. However, after the verification process, only 1,978,108 were validated, representing merely 38.9% of the total. This means that over 62% of the signatures presented by this presidential hopeful did not meet the requirements established by law, revealing serious irregularities in the collection process.

Another example illustrating the magnitude of the problem is Carlos Caicedo, who submitted 2,413,425 signatures to support his candidacy. From this universe, only 738,602 were approved by the Registry Office, representing barely three out of every ten valid signatures. This means that approximately 70% of the submitted signatures were rejected, exceeding even the invalidity percentage of the previous case.

This situation raises serious questions about the actual usefulness of the signature mechanism as a requirement for accessing electoral competition. Many political analysts point out that candidates use this route primarily as a publicity strategy, allowing them to position themselves in the media months before their competitors, only to eventually opt for endorsement from a traditional political party. This practice distorts the original spirit of the regulation, which sought to democratize access to candidacies.

Given this landscape of electoral irregularities, there is a pressing need for future congressional members to consider a comprehensive electoral reform that establishes stricter controls and effective sanctions for those who abuse the system. Colombian democracy requires transparent and reliable mechanisms that guarantee the legitimacy of candidacies and prevent the signature collection process from becoming a mere publicity exercise riddled with inconsistencies that erode public trust in electoral institutions.