

Mujeres y hombres investigan con el microscopio, instrumento clave para observar y analizar los microorganismos, entre ellos el virus
La pandemia actual es una de tantas que se han manifestado a lo largo de la historia de la humanidad. Aunque han dejado miles y millones de muertos, la sociedad sigue en pie.
Los humanos, desde cuando Nicolás Copérnico —1473 – 1543— señaló que la Tierra no era el centro del cosmos, pasaron a ocupar ese lugar y a partir de ese antropocentrismo asumieron el derecho de destruirlo todo y hasta presumir de que éramos los reyes de la ‘creación’ y que toda la fauna y la flora estaban solamente para nuestra utilidad y no para beneficiarnos, conservarlas y protegerlas.
Muy pocos saben que en el planeta son otros los que mandan y que, en ese viaje por el universo, los humanos llevamos mucho menos tiempo como ‘pasajeros’. Primero abordaron esta nave los virus y ellos, tal vez, acondicionaron la Tierra para nuestra existencia. Ya acomodados en esta ‘nave’, hay virus que nos vienen favoreciendo y otros nos afectan. Además, somos minoría frente a los billones de microbios que aquí habitan. También el cuerpo humano está colonizado por millones de microorganismos, de unas 400 especies diferentes, que no nos causan ninguna enfermedad: entre 500 y 1.000 especies diferentes en el tubo digestivo; en la boca tenemos 1.000 millones de bacterias, etc.
Así como estos microbios nos han ayudado, también nos han afectado diezmando parte de la población, pero como apenas se empezó a conocer en los últimos siglos, esas muertes se asociaban a asuntos misteriosos y hasta divinos. Asimismo, han estado presentes en momentos importantes de la historia, como el inicio de la decadencia del imperio romano e igualmente está asociados con la muerte de Alejandro Magno. Hasta Pericles, quien le dio resplandor a Grecia, no se libró de los virus.
Para informarnos sobre estos microbios, me propongo dar una pincelada sobre su larga existencia y para ello me guiaré con el libro: Enemigos microscópicos: Virus, bacterias y vacunas, de Salvador Macip Maresma, publicado en 2016. Es un médico con doctorado en genética molecular de la universidad de Barcelona, España. Dirige un grupo de investigación sobre el cáncer en la universidad de Leicester, Reino Unido.
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Virus y bacterias nos ayudan y nos afectan
Empiezo, como en el libro de Macip, con algunas definiciones básicas: microbios o microorganismos son formas de vida microscópicas. Algunos nos ayudan y otros nos enferman. El virus es el microbio más pequeño que existe. Está formado por poco más que unos cuantos genes y un envoltorio. Las bacterias –por su parte– son un tipo de microbio muy abundante y se encuentran por todas partes. La mayoría son inofensivas y buen número de ellas son importantes en el funcionamiento del planeta y de nuestro cuerpo. Pero algunas causan enfermedades que pueden llegar a ser mortales.
Un padecimiento causado por un microbio, según la gente que afecta, puede ser un brote –si es muy local–, una epidemia –cuando los infectados es superior al normal– o es una pandemia, como la actual. También se tienen las enfermedades infecciosas endémicas. Son aquellas que se presentan en una región de forma constante, sin que disminuya ni aumente globalmente el número de casos. Aunque son varias las enfermedades originadas por un virus, cito las más conocidas, sobre todo en Colombia.
La viruela, por ejemplo, es un microbio que tuvo su aparición hace muchos siglos y se cree que ya está erradicada. La malaria hizo su aparición hace milenios y todavía está haciendo estragos. La tuberculosis, aunque se anunció su erradicación, todavía asusta. El Sida y el ébola parece que se encuentran controlados. No podemos olvidar el dengue, que en Colombia está teniendo presencia, así como la gripe y el Sars, vinculado con el virus que produce la COVID-19.
Para ubicarnos en el contexto de los microbios, hay que iniciar diciendo que debemos olvidarnos de seguir pensado que la Tierra es nuestra; más bien nos tenemos que convencer de que fuimos invitados a pernoctar una temporada en este planeta y qué tan larga sea esta estadía, depende de nosotros. Así como vamos estamos disminuyendo el tiempo de este viaje, y es posible que las señales que la naturaleza nos está enviando, sean un llamado de atención. El 2020, puede ser el año del grito mayor de la pachamama.
Microbios, una larga historia
Mucho antes de que apareciera el primer primate, el planeta ya tenía otros inquilinos: los microbios. Fueron las primeras formas de vida que aparecieron hace entre tres y cuatro mil millones de años. Es probable que sean los últimos en extinguirse. Durante los primeros dos mil millones de años, los microbios, en particular las bacterias, tenían la Tierra para ellos solos y desarrollaron la capacidad de vivir en condiciones extremas. El 90 % de ellas vive en los sedimentos que hay en el fondo marino, sin luz y prácticamente son oxígeno. Algunas colonias llevan millones de años aguantando esas duras condiciones. Por lo tanto, tenemos mucho que aprender de los microbios, investigándolos.
Precisamente la ciencia ha permitido controlar mucho de los microbios más temibles. No ha sido sino hasta hace relativamente poco, que se ha entendido que estos seres invisibles eran responsables de todas estas muertes que, durante gran parte de la historia de la humanidad, se atribuían –y aún se atribuyen en algunos lugares– a castigos o a energías misteriosas. Los humanos y microbios se han trasformado paralelamente. Todo inició cuando los antepasados dejaron la vida nómada, empezaron a cultivar la tierra y a domesticar animales y convivir con ellos.
Se cree que eso propició el salto de muchos microbios de una especie a otra, Por ejemplo, enfermedades como la viruela, las paperas, el sarampión o la tosferina las provocan microorganismos que, con toda seguridad, antes infectaron a los animales. Al poblarse el planeta y aumentar la densidad de la población por kilómetro cuadrado, al aparecer una enfermedad la gente se contagia más fácilmente por estar muy cerca unos de otros. En el pasado los microbios tenían dificultades para saltar entre los pequeños grupos de personas que vivían aislados.
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La pésima higiene contribuye al contagio
La epidemia más antigua de la que hay noticia escrita, es la plaga de Atenas —430 a. C.— que estalló después de que los habitantes de los pueblos vecinos se establecieron en el interior de la ciudad amurallada para protegerse del avance de los espartanos. La pésima higiene de una Atenas saturada facilitó que la epidemia, quizás de viruela, se extendiera como pólvora. Un cuarto de la población murió y la victoria de aquella guerra fue para Esparta. Pericles, el destacado dirigente griego fue víctima de esta epidemia. Asimismo, Alejandro Magno murió por una infección desconocida en 323 A. C., con solo 33 años, lo que condujo al desmoronamiento de ese imperio.
Nuestros aborígenes convivían sobre todo con patos, llamas o alpacas, que no acumulaban muchos microbios, por eso ellos no tenían ningún tipo de inmunidad contra los nuevos microbios que traían los invasores y empezaron a morir de forma masiva. En los 120 años posteriores al descubrimiento de América, un 90 % de la población nativa murió, más por causas de las infecciones que por las guerras. Así que hemos vivido con microbios y con la muerte asechando, seguimos viviendo.
AGENCIA EFE.


