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DIEGO, FERNELL Y NELSON.
Por: Rubén Darío Franco Narváez.
Fernell, Diego y Nelson son la crónica viva y cultural de “El Paraíso de Caldas” -Viterbo, hermosa población del Padre Nazario Restrepo Botero, fundada hace 110 años.
“El bulevar de los samanes”, en un trayecto de 2 Kilómetros con el multicolor “Arte Vial”, embelesan la vista a miles de turistas en su arribo a este municipio, de 14 barrios y 14 veredas en una superficie de 113.8 km², donde la cultura es cosecha real para sus 18 mil habitantes encabezados por su actual alcalde John Mario Giraldo Arrubla.
El sábado 7 de agosto 2021 (conmemoración 202 batalla de Boyacá, día del Ejército Nacional y nuestra bandera), acompañado del periodista Luis Alberto Figueroa, realicé el recorrido: Pereira (20 banderitas), la Virginia (tres banderas en la esquina del pescado) Viterbo-Caldas (77 banderas). Conclusión: se acabó el amor por la Patria colombiana.
Con calidez humana fuimos recibidos por tres personajes que han sido, y son eje central de la cultura viterbeña; INSIGNES MAESTROS: Fernell Ocampo Múnera, José Diego Panesso Echeverry y Nelson Adolfo López.
Fernell Ocampo recupera satisfactoriamente su salud. Consagrado escritor, cantante, ejecutante, arreglista, historiador, deportista, pintor, expositor, conferencista, radiodifusor, profesor y periodista.
Diego Panesso trabaja, a ritmo acelerado, para reabrir –al mediar septiembre- su famosa Galería de Arte “Yuruparí”. Es conocido internacionalmente, con sus sobresalientes obras y profesor de la Universidad Tecnológica de Pereira.
Nelson López, es el primer historiador en el mundo que, en su propia residencia, sobre cada ladrillo escribió y escribe la historia de su pueblo; complementada con un voluminoso libro de fotografías y frases cortas. Además, cantante y guitarrista de marca mayor. Su palacio histórico: CAMELOC (Ca:cantos, Melo:melodías, C:celestiales), mereció un hermoso poema (1.999) del exalcalde conservador Omar Oyuela Rincón:
“CAMELOC EL CIELO DE LA MÚSICA”: Es aquí en este adorable y acogedor lugar de nuestra ciudad,/ El cielo de la música, como simbólicamente lo llama Nelson/ y Paraíso para quienes disfrutamos del calor de su ambiente./ Es aquí, repito, donde confluyen mitos y realidades,/ en sus rústicas paredes que juegan con la magra y rectilínea estampa de su dueño/ se arremolinan fantásticas y abigarradas vivencias/ y en sus muros grabados se entremezclan nombres de vivos y muertos/ como en un extraño y apasionado rito de vida y resurrección.”


