



HOY EN PEREIRA DANDO APERTURA A LOS XXII JUEGOS DEPORTIVOS NACIONALES
POR : LUIS ALBERTO FIGUEROA
T.P.0222 DEL MEN COLOMBIA
HOY 11 DE NOVIEMBRE A PARTIR DE LAS 6 DE LA TARDE LA GOBERNACIÓN DE RISARALDA Y LA ALCALDÍA DE PEREIRA REALIZARÁN EL LANZAMIENTO OFICIAL DE LOS XXII JUEGOS DEPORTIVOS NACIONALES Y VI JUEGOS PARANACIONALES 2023.
EL EVENTO SE CUMPLIRÁ EN LA PLAZA DE BOLÍVAR CON LA PRESENCIA DE LA MINISTRA DEL DEPORTE, MARÍA ISABEL URRUTIA, 365 DÍAS ANTES DE LAS JUSTAS MULTIDEPORTIVAS.
ADEMAS SERÁ LA PRESENTACIÓN DEL PERSONAJE ELEGIDO POR LOS COLOMBIANOS Y QUE REPRESENTARÁ AL EJE CAFETERO EN LOS JUEGOS.
Más Noticias

10 julio, 2021 Con presencia del Gobernador de Risaralda, se lanzó la política pública de Infraestructura Turística

11 junio, 2023 POR EL PADRE FRANCISCO. GILBERTO ARIAS ESCUDERERO. PARROCO DE LA IGLESIA LA VALVANERA DE PEREIRA, COLUMNISTA INTERNACIONAL DEL PERIÓDICO WWW.NOTIEJE.COM CUBRIENDO LOS CINCO CONTINENES DEL TERCER PLANETA DEL SISTEMA SOLAR. Dies Domini Domingo 11 de junio de 2023. Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:-«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»Disputaban los judíos entre sí:-«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»Entonces Jesús les dijo:-«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»ReflexiónComo es natural, la celebración de la misa ha ido cambiando a lo largo de los siglos. Según la época, teólogos y liturgistas han ido destacando algunos aspectos y descuidando otros. La misa ha servido de marco para celebrar coronaciones de reyes y papas, para rendir homenajes o para conmemorar victorias de guerra. Los músicos la han convertido en concierto. Los pueblos la han integrado en sus devociones y costumbres religiosas…Después de veinte siglos, puede ser necesario recordar algunos de los rasgos esenciales de la última Cena del Señor, tal como era recordada y vivida por las primeras generaciones cristianas.En el fondo de esa cena hay algo que jamás será olvidado: sus seguidores no quedarán huérfanos. La muerte de Jesús no podrá romper su comunión con él. Nadie ha de sentir el vacío de su ausencia. Sus discípulos no se quedan solos, a merced de los avatares de la historia. En el centro de toda comunidad cristiana que celebra la eucaristía está Cristo vivo y operante. Aquí está el secreto de su fuerza.De él se alimenta la fe de sus seguidores. No basta asistir a esa cena. Los discípulos son invitados a «comer». Para alimentar nuestra adhesión a Jesucristo, necesitamos reunimos a escuchar sus palabras e introducirlas en nuestro corazón, y acercamos a comulgar con él identificándonos con su estilo de vivir. Ninguna otra experiencia nos puede ofrecer alimento más sólido.No hemos de olvidar que «comulgar» con Jesús es comulgar con alguien que ha vivido y ha muerto «entregado» totalmente por los demás. Así insiste Jesús. Su cuerpo es un «cuerpo entregado» y su sangre es una «sangre derramada» por la salvación de todos. Es una contradicción acercamos a «comulgar» con Jesús, resistiéndonos egoístamente a preocuparnos de algo que no sea nuestro propio interés.Nada hay más central y decisivo para los seguidores de Jesús que la celebración de esta cena del Señor. Por eso hemos de cuidarla tanto. Bien celebrada, la eucaristía nos moldea, nos va uniendo a Jesús, nos alimenta de su vida, nos familiariza con el evangelio, nos invita a vivir en actitud de servicio fraterno, y nos sostiene en la esperanza del reencuentro final con él.LA EXPERIENCIA DE LA MISAEl pueblo cristiano ya no es mero espectador en la celebración de la eucaristía dominical. Puede escuchar la Palabra de Dios en su propia lengua, toma parte activa con sus cantos y oración, y son bastantes los que intervienen animando la acción litúrgica, leyendo o distribuyendo la comunión. Todo ello constituye uno de los frutos más positivos del último Concilio.Bastantes, sin embargo, no conocen la estructura básica de la eucaristía, ignoran el sentido de los símbolos y las expresiones más habituales, nadie les ha enseñado de manera práctica cómo vivir cada momento de la misa. Una de las tareas más urgentes de nuestra Iglesia es, sin duda, ofrecer a los fieles una catequesis que les ayude a vivir mejor la eucaristía del domingo. Propongo en esta fiesta del Corpus unas sugerencias elementales.La misa comienza con un conjunto de ritos de introducción (canto de entrada, saludo, rito penitencial, gloria y oración). No se trata de unos minutos sin importancia para dar tiempo a que la gente se acomode. Es el momento de recoger nuestra vida concreta de la semana con sus alegrías y sufrimientos, sus preocupaciones y pecados, para prepararnos a vivir un encuentro con Dios. Él nos está esperando. Cantamos meditando lo que decimos, pedimos perdón, nos sentimos unidos a los demás creyentes y preparamos nuestro corazón.Viene luego la escucha de la Palabra de Dios (lecturas bíblicas, homilía). Durante este tiempo estamos sentados, en actitud de escucha a Dios. Lo importante no es oír lo que dice el sacerdote, sino escuchar internamente a Jesucristo. Hemos oído toda clase de palabras, voces y ruidos a lo largo de la semana. Ahora escuchamos algo diferente, que puede iluminar nuestra vida y poner otra alegría en nuestro corazón. Es un momento importante para alimentar nuestra fe.Después del ofertorio, comienza la plegaria eucarística que se inicia con el prefacio y concluye con una alabanza final. Es el momento de «levantar el corazón» hasta Dios y agradecer su amor salvador manifestado en la muerte y resurrección de Cristo. Es «justo y necesario», es «nuestro deber y salvación», es lo más grande que podemos hacer. Para un creyente, el momento más gozoso e intenso de la semana.Sigue después la comunión. Nos preparamos todos juntos, como hermanos. Por eso recitamos o cantamos el «Padre nuestro» y nos damos la paz del Señor. Luego nos acercamos con fe a recibir a Cristo. Lo acogemos con alegría, pues él alimenta y sostiene nuestra vida. Nos sentimos más unidos que nunca a él. No sabríamos ya vivir sin Cristo.La misa termina con unos ritos de conclusión. Nos despedimos recibiendo la bendición de Dios. Comenzamos así una nueva semana renovados interiormente. Dios nos acompaña.José Antonio Pagol

30 agosto, 2019 Alcalde dio apertura a los 15 diálogos Ciudadanos

14 junio, 2025 LOS RESIDENTES EN PEREIRA SOMOS BUENOS PADRES
