

ntaja de la elección del nuevo candidato presidencial de la izquierda, Iván Cepeda, es que ya no existen fachadas ni embustes pseudoideológicos al estilo del llamado “progresismo”. Es decir que, en vez de todo tipo de peronismos disfrazados, por cierto, causa derrotada de modo estrepitoso ayer en las elecciones argentinas de medio término, lo que ha quedado claro de la consulta del Pacto Histórico en Colombia es que el izquierdismo ha dejado atrás la confusa y truculenta bandera “progresista”, que sirvió en las elecciones anteriores para distraer incautos, y que ahora se presenta en su verdadera dimensión mientras en el mundo entero está en absoluta retirada.
En todo caso, claro, es la bandera del continuismo, de la disfuncionalidad administrativa, de la debacle económica, de la carestía, de la destrucción institucional, de la inseguridad, del desplome de las relaciones internacionales, de la corrupción, de la demolición de la política social que había alcanzado el país en materia de salud, de educación, de vivienda, en fin, es aquella nítida bandera cuyo viejo y anacrónico propósito siempre ha sido el de un estatismo rabioso, omnipresente y por descontado ineficaz como fórmula de redención popular. Y que ahora, por demás, tiene el designio de una Asamblea Nacional Constituyente para acabar con las bases democráticas colombianas, tal y como lo han anunciado, y entrar por el abismo de la incertidumbre y el conflicto, que es la única pecera donde la izquierda se siente a gusto.
Desde luego, parecería que no saben muy bien cómo hacerlo, pero sea lo que sea quieren proceder a ese abismo institucional bajo los cantos de sirena tradicionales. De hecho, justo en el prólogo de la jornada electoral del Pacto Histórico, el ministro de Justicia, Eduardo Montealegre, fue removido del cargo, pese a su prolongada y lastimera carta de renuncia y de que acababa de anunciar la dicha Constituyente en las estratósferas del exterior. Ya no fue, pues, más el “cerebro gris” del petrismo, aun cuando siguen por la misma hondonada. Lo cual tampoco quiere decir que no estén prestos a presentar una ley de iniciativa popular al Congreso, para esa convocatoria el 20 de julio del próximo año, y ese mecanismo de recolección de firmas les sirva de acicate para hacer proselitismo durante la campaña parlamentaria y presidencial con miras a conseguir el cinco por ciento del censo electoral. Si ya obtuvieron más dos millones de votos válidos en la consulta de ayer, descontando los nulos y no marcados, seguirán en la misma dirección, consiguiendo las firmas.
En general, la política suele ser de quien tenga la iniciativa. La consulta del Pacto Histórico no fue, por una parte, el éxito que pretendían con cuatro millones de votos o más, pero tampoco el rotundo fracaso con un millón o menos, que algunos auguraban. Lo que sí es innegable, de todas maneras, es que el elegido tiene una clara procedencia en la izquierda (que no esconde), proviene de la esfera genuina del Polo Democrático e incluso no pocos lo matriculan en su sector más radical. Claro es también que su irrupción en la política se hizo a partir de las denuncias contra el expresidente Álvaro Uribe, con lo cual se ganó la vocería izquierdista. Y nadie dudaría en decir que es un buen exponente del Foro de Sao Paulo. Además de tener una vena “madurista” cada vez más evidente. Sin embargo, ahora intentará irse a lo que llaman el “centro” para capturar votos y proceder exactamente a la misma estrategia que llevó a Gustavo Petro al poder, tratando de camuflarse de igual forma y creando el mismo baúl de anzuelos para distraer incautos, con ayuda de los lesivos exponentes de siempre.
Todo eso podrá decirse y mucho más. Pero el punto ahora es lo que ocurre en el amplísimo sector de centro derecha, mayoría en el país, que sigue como si nada. Sea esta la hora, nuevamente, para dejar de lado tanto embeleco y distracción. Por supuesto, de la jornada también queda claro que el presunto 30% de respaldo a Gustavo Petro (algunas encuestas decían que el 35%) no es tal, pues el resultado efectivo en votos de dicho porcentaje, que rondaría los seis o siete millones de respaldos, es muchísimo menor en los rubros de la consulta de su partido. No puede, entonces, reclamarse ningún viento de cola favorable a su gestión, sino al contrario. Lo que, no obstante, sigue dejando la pregunta abierta de cuándo los voceros del anticontinuismo van a tomar en serio la campaña, al menos presentando una propuesta conjunta, coherente y futurista.




