HACE POCO SEDIÓ A CONOCER AGENDA AMBICIOSA DE LOS 500 AÑOS DE SANTA MARTA CON EL ACOMPAÑAMIENTO DEL MINISTERIO DE LAS CULTURAS.

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Que el quinto centenario de esta ciudad sirva para reconocer su historia, encarar sus problemas y hacerla más pujante.

Fue el 29 de julio de 1525 cuando el adelantado Rodrigo de Bastidas, que durante años había recorrido nuestras costas, fundó la bella ciudad de Santa Marta, pero para ese momento ya había florecido, sintonizada con sus paisajes exuberantes y rodeada por sus ríos, la cultura tairona que a pesar de todo ha seguido en pie quinientos años después.

Estamos celebrando cinco siglos de una provincia que desde el principio, no obstante los abusos y embates violentos de ciertos conquistadores que no estaban de acuerdo con los modos pacíficos de Bastidas, tuvo clara su vocación a la convivencia, su capacidad de ser una cultura de culturas llena de lenguas, de atajos para dar con la belleza, de maneras de celebrar la increíble fortuna de haber dado con un lugar lleno de milagros en la Tierra.

Durante su larga y accidentada historia, Santa Marta ha sido corazón del mundo, lugar de batallas, estación de descubridores, botín de piratas, territorio de lentas obras coloniales, escenario de pulso por la Independencia, la ciudad que albergó al Libertador Simón Bolívar en su batalla final contra la enfermedad, puerto principal de la Nueva Granada, sede de bonanzas y paraje turístico que todo colombiano anhela, y ha llegado a este año del siglo XXI con la consciencia de que celebrar semejante recorrido es reivindicar a tantas voces que han creído en ese cruce de razas, de relatos, de espiritualidades, de artes.

Aparte de todos los festejos, merece mención aparte la firmeza con la que el samario Carlos Vives ha acompañado esta celebración.

Desde el pasado domingo 20 de julio, han venido dándose una serie de festejos, desde exposiciones hasta presentaciones en vivo, desde conciertos hasta charlas, en la Quinta de San Pedro, en el Banco de la República, en la playa El Rodadero, en la Universidad de Magdalena. Valga reconocer la tarea del Hay Festival de Santa Marta, realizado con el apoyo de la alcaldía y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, a la hora de montar una serie de presentaciones de escritores de primera como el mexicano Guillermo Arriaga y la argentina Claudia Piñeiro.

Merece mención aparte la firmeza con la que el samario Carlos Vives, que por estos días celebra los treinta años de su magistral La tierra del olvido y que ha trabajado a diario por su región natal con su fundación Tras La Perla, ha acompañado la celebración: 500, una brillante canción de 8 minutos y 9 segundos grabada con varios músicos del lugar y con niños arahuacos de la Sierra Nevada, es una declaración de amor a la ciudad, a la historia, a la cadena de paisajes, a la gente que se siente orgullosa de haber nacido allí, a la suma de voces que sigue volviéndola un destino tan feliz: “Yo me quedo en Santa Marta”, canta Vives, y resulta contagiosa su convicción a la hora de reconocer lo que somos.