



Viernes, 13 de Marzo de 2026
Remoción del tablero político
Significado de la vicepresidencia
Pocas veces, como en esta ocasión, la escogencia de fórmula vicepresidencial había generado tanta expectativa. Rápidamente, después de conocerse los resultados electorales del domingo, el candidato de la izquierda, Iván Cepeda, se decantó por un tiquete identitario similar al de Gustavo Petro-Francia Márquez en 2022, solo que en esta oportunidad fue seleccionada Aida Quilcué, indígena del Cauca, senadora de MAIS y activista del CRIC para acompañar al aspirante del Pacto Histórico.
Por su parte, Abelardo de la Espriella también nombró prontamente como su segundo a bordo al exministro José Manuel Restrepo, con el fin de enviar una señal de confianza a los agentes y mercados internacionales y complementar el tiquete con una reconocida figura de la economía colombiana.
Pero donde más radicó la expectativa estuvo en si finalmente la fórmula de la Gran Consulta estaría integrada por Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo.
Lo cual pareció desenvolverse en una película de suspenso que al final dio ayer en la mañana el resultado positivo que muchos esperaban. Porque se trataba de afianzar la política propuesta de aglutinar el espectro político del centro a la derecha, una vez se determinó que participarían nueve precandidatos sometidos al escrutinio de la voluntad popular para ocupar este espacio. Y el dictamen del pueblo fue una rotunda afirmación por Valencia, que obtuvo más de tres millones doscientos mil votos, seguida por Oviedo, que también se constituyó en el “palo” de la jornada al obtener un millón doscientos mil votos.
No fue para nada fácil llegar a ese resultado. En efecto, al país le consta el llamado a no votar por la Gran Consulta (y en general en todas las consultas) tanto por parte de los sectores que querían cerrar de una vez por todas el tablero democrático a solo dos alternativas, para afianzar la polarización y sacar réditos mutuos de ello en la justa presidencial (anticipando el estadio de una segunda vuelta), como por parte de los partidos políticos que pretendieron seguir ese juego. Y que incluso fue una incomprensible estrategia que se devolvió como un bumerán contra sus propios intereses electorales al bajar su exposición en el Congreso, en algunos casos de manera dramática.
Aún contra todo pronóstico y en particular frente a algunas encuestas sesgadas y fallidas, la Gran Consulta obtuvo cerca de seis millones de respaldos, constituyéndose esa cifra de por sí en una gran victoria, a juzgar por los obstáculos que se quisieron imponer al voto libre y a conciencia. Y fue en ese escenario donde se abrió el gigantesco espacio político que hoy está representado en la fórmula Paloma Valencia- Juan Daniel Oviedo.
Es común decir en el argot político que lo que importa en la selección de la fórmula vicepresidencial es que, si bien no suele sumar al aspirante principal, lo que interesa es que no reste. Pero es evidente, como desde ya lo comienzan a demostrar los portales de apuestas que marcan tendencias y algunos sondeos, inclusive con trabajo de campo previo a la oficialización de la fórmula Paloma-Oviedo (como ayer Atlas), que se ha roto la dinámica y el sopor en que venía la campaña presidencial. Y que tal vez por primera vez desde que existe la fórmula de presidente y vicepresidente, en virtud de la Constitución de 1991, se ha producido una sumatoria de voluntades con hondo arraigo popular, fruto del consenso y a razón del propósito mancomunado e indeclinable, no solo de cambiar el actual, asfixiante y temerario régimen, sino de lograr la transparencia de la política en su conjunto para que el país vuelva a tener vocación de futuro. Bajo esa perspectiva se entenderá por qué desde ya este tiquete comienza a ser tan atractivo a la juventud.
Y no es gratuito. Resulta evidente que se quiere otro país: uno que no tenga la melancolía como emoción central, que se abra a la alegría y la esperanza, que pueda concentrar su talento en los propósitos nacionales, que cierre las cloacas de las corruptelas reinantes. Un país que se resista a la nefanda usurpación de los violentos y pueda reencontrarse en el espíritu del bien común. Y se cumpla así el anhelo irrestricto de vivir en orden y libertad en un Estado social y democrático de derecho.




