



Lunes, 25 de Agosto de 2025
El despliegue de fuerzas militares marítimas, anfibias, aéreas e incluso de un submarino de ataque nuclear estadounidense en el mar Caribe, con el objetivo de combatir el tráfico de drogas, especialmente el originado en Venezuela bajo el régimen dictatorial de Nicolás Maduro, está marcando un antes y un después en la estrategia global contra este flagelo.
Resulta evidente que la administración Trump está decidida a frenar, de una vez por todas, el accionar de organizaciones criminales, trasnacionales y terroristas venezolanas, como el ‘Tren de Aragua’ o el ‘Cartel de los Soles’. Este último, según las autoridades norteamericanas, tendría al propio Nicolás Maduro como cabecilla y de allí que duplicó a 50 millones de dólares −cifra inédita− la recompensa por su captura.
Así las cosas, que el gobierno del presidente francés Emmanuel Macron haya decidido también reforzar su presencia militar y otros equipos antidrogas para evitar el flujo de droga por Guadalupe, su enclave de ultramar en el Caribe no solo comprueba la pertinencia del despliegue castrense realizado por Washington, sino que dimensiona esta operación como un punto de inflexión en el combate al narcotráfico, más aún en momentos en que la incautación de alcaloides en Europa viene en aumento.
Es claro que si esta movilización de recursos militares se torna multinacional el cerco a la dictadura Maduro será aún más fuerte y podría llevar a un rápido debilitamiento del régimen chavista que ya empezó a sentir la presión y prueba de ello es su intempestiva decisión unilateral de empezar a liberar, a cuentagotas, presos políticos.
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Más allá de la actitud discursiva desafiante y de los llamados dizque a “movilizar” millones de personas de las ‘milicias bolivarianas’, que incluyen hasta hombres y mujeres de la tercera edad, resulta innegable que Maduro y compañía saben que su margen de acción para mantenerse en el poder es cada día más estrecho.
En privado, deben ser conscientes de que, bajo el liderazgo de Trump, la comunidad internacional empieza a tomar medidas más concretas y determinantes para ahogar al gobierno autoritario. Una cruzada en la que, más temprano que tarde, pondrán en la mira a los aliados de la satrapía, es claro.
Con Ecuador y Paraguay catalogando como organización terrorista al ‘Cartel de los soles’ y otros gobiernos caribeños respaldando el despliegue militar estadounidense, es innegable que se acelera la cuenta regresiva del narco-régimen más peligroso del continente.



