



EL DESAFÍO DE LA NEUTRALIDAD
Por:Padre Francisco Gilberto Arias Escudero
2025-03-09
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La relación entre el Estado y la religión ha sido una de las grandes cuestiones en la historia de las sociedades. Los conceptos de laicismo y laicidad han cobrado especial relevancia, pues presentan diferentes maneras de entender la separación entre lo religioso y lo público. Aunque ambos se relacionan, sus enfoques y aplicaciones son distintos, generando debates sobre hasta dónde debe llegar la influencia de la religión en la vida pública y social.
El laicismo es un principio según el cual el Estado debe ser neutral en materia religiosa, garantizando la convivencia pacífica entre distintas creencias y protegiendo la libertad de conciencia de todos los ciudadanos. En este sentido, el laicismo defiende la idea de que las políticas públicas, las decisiones gubernamentales y las leyes deben estar exentas de cualquier influencia religiosa.
El laicismo surge en contextos históricos donde la Iglesia o las religiones tenían un poder político significativo, y su objetivo era garantizar que el Estado fuera imparcial ante todas las creencias, evitando que una religión pudiera imponerse sobre las demás o sobre los individuos.
El problema del laicismo radical es que, en su intento por proteger la sociedad de una influencia religiosa, puede llevar a convertirse en una nueva forma de intolerancia, restringiendo la expresión de las creencias individuales. Cuando un Estado impone el laicismo extremo, corre el riesgo de negar la diversidad y la identidad cultural de sus ciudadanos, generando conflictos en lugar de promover la convivencia.
Por otro lado, la laicidad hace referencia al principio fundamental que establece esa separación entre la religión y el Estado, pero no necesariamente con la carga ideológica que tiene el laicismo. Es un concepto más amplio y neutro que se refiere a la condición o situación en la que el Estado se mantiene neutral respecto a las creencias religiosas, sin ser influenciado ni por las religiones ni por los intereses religiosos. En otras palabras, la laicidad es la cualidad de ser «laico», es decir, la garantía de que los poderes públicos no favorecen ni discriminan ninguna confesión religiosa.
Ambos conceptos buscan garantizar un espacio donde las personas puedan ejercer su libertad religiosa (o no religiosa) sin ser sometidas a imposiciones externas. Sin embargo, el laicismo puede ser interpretado de forma más restrictiva, como una lucha constante contra cualquier vestigio de influencia religiosa en los asuntos públicos, mientras que la laicidad podría verse como un principio que simplemente asegura que no hay preferencia por ninguna religión en la organización del Estado.
En última instancia, ambos términos nos invitan a reflexionar sobre la naturaleza del poder, la libertad y la convivencia en una sociedad diversa. Nos recuerdan que, en un mundo plural, la convivencia armoniosa entre personas de diferentes creencias solo es posible si el Estado se mantiene neutral y respeta la autonomía individual, permitiendo que cada uno siga su camino espiritual o filosófico sin interferencias externas.



