| Corría el domingo 15 de noviembre del 2020. El reloj marcaba las 11:20 de la mañana cuando el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) alertó sobre el paso por el archipiélago del huracán Iota. «Se estima que en las próximas horas de alcance categorías mayores, esto quiere decir que los vientos máximos son de 155 kilómetros por hora, sigue desplazándose hacia el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, una velocidad de 15 kilómetros por hora; 175 kilómetros de la isla de Providencia, se mantiene alerta de huracán», anunció, en su momento, Yolanda González Hernández, directora general de IDEAM. Esa noche, el fenómeno natural pasó de ser tormenta tropical a huracán categoría 2, en su camino hacia las costas centroamericanas. Días antes, el presidente Iván Duque había designado a la ministra del Interior, Alicia Arango Olmos, para que se encargara de la gestión para atender las afectaciones en San Andrés y Providencia, por el coletazo del huracán ETA, fenómeno asesorado por los meteorólogos a partir del 1 de noviembre de 2020, el cual a varios países centroamericanos. Ahora, ante el inminente paso del huracán Iota, los pobladores de San Andrés y Providencia sospechaban que la marea subiría. Algunos isleños comenzaron en un abastecerse de comida, agua y buscar refugio, pronto el viento comenzaría un susurrar en sus oídos. Según algunos habitantes, las olas alcanzaron entre 3 y 4 metros de altura, provocaciones por el monstruo que pasó de categoría 2 a 5 en un abrir y cerrar de ojos. «La isla de Providencia fue destruida y parte borrada, atravesamos un huracán muy fuerte, tuvo como dos ciclos impresionantes, el primero hasta las 2 de la mañana, donde pensamos que ya lo que había pasado y, luego, de 4 a 6 de la mañana llegamos a un punto donde pensamos que no lo que íbamos a hacer», narró Adrián Villamizar, pastor de la Advent Iglesiaista. Él pudo ver cómo algunos botes habían quedado incrustados en las casas de la isla y los pesados contenedor, que estaban ubicados en el puerto, arrugados como hojas de papel. Algunos fueron levantados por los fuertes vientos y esparcidos por la isla. Adrián se encuentra dentro del grupo de los primeros evacuados a bordo de una Casa 295 de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) hacia San Andrés, para ser atendido de sus heridas en la cabeza y las manos tras caerle, literal, la casa de madera encima. Por primera vez en su historia, un fenómeno natural de esta magnitud pasaba por el archipiélago dejando una afectación del 90% y un muerto. La solidaridad no se hizo esperar. A San Andrés a llegar ayudas de todas las partes del país. En el hangar del Grupo Aéreo del Caribe (Gacar) se encuentran los equipos utilizados para el mantenimiento de aeronaves y se abría espacio a las toneladas de alimentos, agua, frazadas colchonetas, entre otros elementos que el Gobierno, a través de la Unidad de Gestión de Riesgo, canalizaba. Comienza la recuperación Una de las primeras labores fue la pista de escombros que hacían imposible el aterrizaje de las aeronaves de la Fuerza Aérea en el aeropuerto El Embrujo de Providencia, para poder evacuar a los heridos, así como establecer comunicación con las tripulaciones. Al día siguiente, aterrizaron en Providencia con las ayudas en esa zona, la torre de control y el aeropuerto pasaron por el museo de escombros que dejó el huracán Iota, la comunicación se hacía de manera satelital para realizar las maniobras aéreas. Los integrantes del Grupo Aéreo no paraban de cargar las ayudas, adecuar las cargas en los paneles para ser subidas a los aviones y solucionar las contingencias de transporte. En ese momento, la Fuerza Aérea fue el primer puente entre San Andrés y Providencia, ya que las condiciones marítimas aún eran difíciles por el paso del huracán | Crónica / Las ‘alas’ de los héroes que ayudan a una providencia a recuperarse de su tragedia • Las aeronaves de la Fuerza Aérea Colombiana, en el marco de la ‘Operación Renacer’, han transportado 1.471.660 toneladas en ayudas, en más de 200 vuelos trasladando a un 12.582 personas, en más de 500 horas de vuelo. Así mismo, han evacuado, por situaciones médicas desde Providencia a San Andrés, más de 43 personas. Bogotá, 18 de marzo de 2021. Corría el domingo 15 de noviembre del 2020. El reloj marcaba las 11:20 de la mañana cuando el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) alertó sobre el paso por el archipiélago del huracán Iota. «Se estima que en las próximas horas de alcance categorías mayores, esto quiere decir que los vientos máximos son de 155 kilómetros por hora, sigue desplazándose hacia el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, una velocidad de 15 kilómetros por hora; 175 kilómetros de la isla de Providencia, se mantiene alerta de huracán», anunció, en su momento, Yolanda González Hernández, directora general de IDEAM. Esa noche, el fenómeno natural pasó de ser tormenta tropical a huracán categoría 2, en su camino hacia las costas centroamericanas. Días antes, el presidente Iván Duque había designado a la ministra del Interior, Alicia Arango Olmos, para que se encargara de la gestión para atender las afectaciones en San Andrés y Providencia, por el coletazo del huracán ETA, fenómeno asesorado por los meteorólogos a partir del 1 de noviembre de 2020, el cual a varios países centroamericanos. Ahora, ante el inminente paso del huracán Iota, los pobladores de San Andrés y Providencia sospechaban que la marea subiría. Algunos isleños comenzaron en un abastecerse de comida, agua y buscar refugio, pronto el viento comenzaría un susurrar en sus oídos. Según algunos habitantes, las olas alcanzaron entre 3 y 4 metros de altura, provocaciones por el monstruo que pasó de categoría 2 a 5 en un abrir y cerrar de ojos. «La isla de Providencia fue destruida y parte borrada, atravesamos un huracán muy fuerte, tuvo como dos ciclos impresionantes, el primero hasta las 2 de la mañana, donde pensamos que ya lo que había pasado y, luego, de 4 a 6 de la mañana llegamos a un punto donde pensamos que no lo que íbamos a hacer», narró Adrián Villamizar, pastor de la Advent Iglesiaista. Él pudo ver cómo algunos botes habían quedado incrustados en las casas de la isla y los pesados contenedor, que estaban ubicados en el puerto, arrugados como hojas de papel. Algunos fueron levantados por los fuertes vientos y esparcidos por la isla. Adrián se encuentra dentro del grupo de los primeros evacuados a bordo de una Casa 295 de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) hacia San Andrés, para ser atendido de sus heridas en la cabeza y las manos tras caerle, literal, la casa de madera encima. Por primera vez en su historia, un fenómeno natural de esta magnitud pasaba por el archipiélago dejando una afectación del 90% y un muerto. La solidaridad no se hizo esperar. A San Andrés a llegar ayudas de todas las partes del país. En el hangar del Grupo Aéreo del Caribe (Gacar) se encuentran los equipos utilizados para el mantenimiento de aeronaves y se abría espacio a las toneladas de alimentos, agua, frazadas colchonetas, entre otros elementos que el Gobierno, a través de la Unidad de Gestión de Riesgo, canalizaba. Comienza la recuperación Una de las primeras labores fue la pista de escombros que hacían imposible el aterrizaje de las aeronaves de la Fuerza Aérea en el aeropuerto El Embrujo de Providencia, para poder evacuar a los heridos, así como establecer comunicación con las tripulaciones. Al día siguiente, aterrizaron en Providencia con las ayudas en esa zona, la torre de control y el aeropuerto pasaron por el museo de escombros que dejó el huracán Iota, la comunicación se hacía de manera satelital para realizar las maniobras aéreas. Los integrantes del Grupo Aéreo no paraban de cargar las ayudas, adecuar las cargas en los paneles para ser subidas a los aviones y solucionar las contingencias de transporte. En ese momento, la Fuerza Aérea fue el primer puente entre San Andrés y Providencia, ya que las condiciones marítimas aún eran difíciles por el paso del huracán |
Crónica Las ‘alas’ de los héroes que ayudan a una providencia a recuperarse de su tragedia.
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