Covid 19 Una Prueba de Confianza.

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Por: Luis Alberto Rojas Franco

luisalbertorojasf@gmail.com

Desde el año 2019 la humanidad fue convocada a una batalla, donde el enemigo mide 0.12 micras, teniendo en cuenta que el ojo humano solo alcanza a ver objetos de 40 micras en adelante, estamos ante un enemigo literalmente invisible que le recordó al mundo materialista que existen cosas que no se pueden ver y aun así no se puede negar su existencia e impacto sobre nuestras vidas.

También nos recordó el adagio “no hay enemigo pequeño”. A este virus de corona, no lo hemos logrado vencer y sigue haciendo daño, enlutando a familias de 2160 víctimas que ha dejado en Risaralda con corte al 31 de julio de 2021, (Secretaría Departamental de Salud); el virus sigue dominando la vida de una humanidad con poco autocontrol, acostumbrados a excusarse de asumir comportamientos protectores. Una sociedad dividida en la cual según estudio del Instituto Nacional de Contadores Públicos (2020) el 56% de los ciudadanos no tienen ninguna confianza en las instituciones del gobierno y el 34% tienen poca, lo que se suma a la baja capacidad de acción colectiva y en algunos casos cierto apetito por la trampa.

Todas esas debilidades ponen de rodillas a los humanos frente a menos de una micra de ARN, lípidos y proteína, con una fuerza física que nunca se compara con la de los seres humanos. Si bien la vacunación avanza con rapidez en un 33.74% de la meta, equivalente a 12.057.314 Colombianos, la esencia del problema sigue estando vivo en la mente de cada ciudadano y en el corazón mismo de nuestra sociedad, en costumbres que abren las puertas de nuestras vidas al virus, los ciudadanos desobedecen la ley o buscan resolver asuntos particulares, como el restablecimiento de sus medios de producción y sus trabajos, al margen de la pandemia, obligados por la crisis a una dinámica  Darwiniana de supervivencia del más fuerte, se fortalece al virus con comportamientos, actitudes y prácticas humanas, en medio de esta situación la confianza en la noticia oficial se ha roto y se agrega valor a las cadenas de las redes sociales. Allí nacen la desobediencia y la desconfianza de los ciudadanos y también la sensación de impotencia del personal sanitario.

  Esta realidad contrasta con Australia que logró superar el problema desde un primer momento con una fórmula sencilla y práctica, cerraron sus puertas mientras se alistaban para afrontar la pandemia, hicieron seguimiento a casos e intervención inmediata en caso de importación de casos. Ese país no tuvo que luchar contra la desconfianza ciudadana, ni contra preexistencias de enfermedades, ni con la falta de acceso a servicios básicos, la mala alimentación, el desempleo y la quiebra de negocios. Esas son las ganancias de la confianza bien lograda.

  En Colombia no solo acudimos a una lucha contra un ente que ataca de forma inteligente al ser humano, sino de un ser que simplemente aprovecha las vulnerabilidades que establecemos los humanos contra nosotros mismos.

  El camino no es tan complejo, recuperar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, sería la primera tarea que debemos ganar con mérito. Debe haber una relación simbiótica entre estado, ciudadanía y personal sanitario ya que hemos dejado a este último estamento combatiendo el virus y no le hemos entregado el elemento fundamental de éxito: la confianza de los ciudadanos para participar de forma adecuada de los mecanismos para la prevención de la enfermedad.

  Podemos derrotar al virus con los esfuerzos que generan los estados y la sociedad científica, pero mientras que no exista una sociedad que genere el remedio radical a los factores de riesgo que vulneran el seno del estado, hasta que no se radique la desconfianza, la ignorancia y el vicio; la puerta seguirá abierta a este o a cualquier virus que aparezca en cualquier parte del mundo. 

Asociación de Padres UTP :: Junta Directiva

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