Columna del Abogado, Escritor y Periodista Luis Garcia Quiroga

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Es un error pensar que queda para la historia la cascada de derrumbes que puso en emergencia a la población pereirana y en urgencias a las autoridades para atender la crisis del invierno.

Hay quienes conducimos un vehículo sin evitar desconfianza y temor por la amenaza latente de un barranco al que le falta tratamiento

Hay indignados que señalan culpables por las imprevisiones, las violaciones a las normas del POT y otras sospechas e incluso, las dolorosas muertes y los cuantiosos daños materiales a viviendas, carros y otros perjuicios económicos y daños colaterales causados por el medio centenar de derrumbes en las laderas del paisaje risaraldense.

Ahora comienzan a amainar las lluvias y los días de sol son benignos para las plantaciones. Es el designio cósmico de luz y agua de la madre naturaleza con esta tierra bendecida, feraz y maravillosa, pero por la cual aún no hacemos lo suficiente.

Muy bien tituló El Diario el pasado lunes: “Disminuyen las lluvias, pero prevalece el riesgo”. Y el riesgo volverá porque retornarán los aguaceros como manda el ciclo natural de lluvias de abril y mayo con repetición en noviembre y diciembre. Salvo que el enloquecido cambio climático diga otra cosa, habrá que estar preparados para otro período turbulento, que ya sabemos cómo nos pega.

Olvidamos fácil que Pereira y la región son un territorio de origen y conformación de cenizas volcánicas altamente deleznables y sinceramente, no es claro que tengamos un sistema organizado, coherente y sostenible de gestión de riesgo.

Mientras, no podemos sentarnos a esperar que algunas laderas que requieren un sistema de alertas tempranas, provoquen tragedias para lamentar.

A un importante ejecutivo del sector vial le pregunté si en nuestro territorio existen estudios geológicos, georeferenciados o sistemas de monitoreo de zonas críticas. Jum. Lo que debemos hacer no es sencillo ni barato

Por cuatro años vi al equipo directivo de la Empresa Aguas y Aguas montando el sistema de monitoreo y alertas tempranas en la Cuenca Alta del Río Otún, lo que nos permite dormir más o menos tranquilos y en un caso extremo, evitar tragedias como la de octubre de 1979 cuando una avalancha se llevó el barrio Risaralda.

Siempre me asalta la duda de si estamos preparados para enfrentar otro terremoto. Preocupa porque cuando se hacen simulacros, los jefes ni lideran ni dan ejemplo.

 El ingeniero Adán Silvestre recién me mostraba el estado calamitoso de las estructuras de los puentes de Pereira y Risaralda.

Hasta hace poco viví en un piso 18. Para morir nacimos, pero siempre me pregunto cómo harán los bomberos para atender un incendio en una torre de Pereira o Dosquebradas. Que la próxima nos llegue confesados.

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