Columna del Abogado, columnista y Periodista, Luis Garcia Quiroga

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¿Por qué nos demoramos 54 años (desde el 29 de agosto de 1965) para recuperar el hermoso monumento a los Fundadores, creación del maestro Rodrigo Arenas Betancur?

Este bello homenaje a los pioneros, daba pena porque se caía a pedazos. Por fortuna para la ciudad y para nuestra cultura, ha sido restaurado. Tiene en sus costados murales en alto relieve con nuestra iconografía raizal que va desde “el perro andariego que se tragó las montañas” hasta los bueyes, el hacha y las figuras de los arrieros que simbolizan la pasión, la fuerza y la grandeza de los hacedores de este hermoso pedazo de cielo.

Nuestros dirigentes deberían observar y leer esos murales y a ese “hombre fuego”, porque muchos de ellos carecen de la honesta pasión del tesón que sembró y la llama que encendió el auténtico civismo pereirano.

Todo bien desde el parque Fundadores pasando por Monos (estéticamente construido) a la estupenda remodelación del parque de La Rebeca (era un rastrojo) hasta el parque Popular Modelo que de parque solo tenía el nombre. Y aún falta por entregar el parque de La Paz, al lado del puente Barranquero. Los pereiranos aprecian estos sitios de encuentro y disfrute familiar que embellecen y generan sentido de pertenencia.

Hay pereiranos que no saben que esas obras costaron $4.200 millones y fueron posibles gracias al pago de los deberes urbanísticos fijados en el nuevo POT que el gremio constructor demandó con medidas cautelares, que entre sus efectos jurídicos, podrían reducir los deberes urbanísticos a las chichigüas que antes pagaban.

Los pereiranos deben saber que gracias al POT (que Camacol quiere tumbar para abrir el boquete de licencias y urbanizar la zona rural de la ciudad) el alcalde con base en el Acuerdo 78 puede escoger proyectos de espacio público, como hizo Gallo con los parques de la Circunvalar.

Los pereiranos verían de buena gana que el próximo alcalde o alcaldesa (nadie sabe) siguiera remodelando los parques de los barrios (algunos dan grima). Ni qué decir del tenebroso parque Olaya que debería ser el más hermoso de la ciudad, contrario al de Corocito, que da ganas de llorar.