



Por: Luis Alberto Figueroa, Comunicador Social Periodista. Tarjeta Profesional 0222 expedida por el Ministerio de Educación Nacional
El argentino Néstor Gabriel Lorenzo asumió la dirección técnica de la Selección Colombia el 2 de junio de 2022, sin grandes anuncios ni espectáculo mediático, pero con un currículo sólido que incluye su paso como asistente de José Néstor Pékerman entre 2012 y 2018, además de su título como campeón de la Liga Peruana con Melgar. Su llegada generó escepticismo en sectores de la prensa y la afición, que cuestionaron la decisión de la Federación Colombiana de Fútbol en un momento de profunda desilusión tras la eliminación en la fase de clasificación para el Mundial de Qatar 2022. A pesar de contar con una generación talentosa, el equipo había dejado una sensación de vacío y frustración.
Sin embargo, Lorenzo logró reconstruir la confianza del país en el tricolor, emulando la labor de Pékerman al priorizar la cohesión, la disciplina táctica y la identidad colectiva sobre el individualismo. Su enfoque sereno y su capacidad para manejar presiones lo convirtieron en una figura clave para reencauzar el proyecto nacional. En poco tiempo, logró que los hinchas volvieran a creer en la selección, no solo por resultados inmediatos, sino por la sensación de que el equipo estaba siendo reconstruido con propósito y paciencia, valores que habían faltado en los ciclos anteriores.
Ahora, el reto es aún mayor: liderar a una generación que se encuentra en su etapa final, con referentes como James Rodríguez y Camilo Vargas, quienes buscan dejar una huella indeleble en la historia del fútbol colombiano. Para ellos, y para el país, la próxima cita mundialista no es solo un torneo más; es la oportunidad de cerrar un ciclo con una actuación memorable, digna de la pasión y el talento que han demostrado a lo largo de los años. La presión es alta, pero Lorenzo ha demostrado que sabe manejarla, y que su trabajo va más allá de los resultados: busca dejar un legado estructural.
La confianza en el técnico argentino ha crecido con cada partido, y aunque aún quedan desafíos por delante, la selección parece haber encontrado un rumbo claro. La unión entre cuerpo técnico, jugadores y afición se ha fortalecido, y eso, en el fútbol moderno, puede ser la diferencia entre una participación más y una historia que perdure. El camino hacia el próximo Mundial será exigente, pero con Lorenzo al frente, Colombia no solo juega para clasificar: juega para dejar una marca.
English versión
Colombia Bets on Lorenzo: The Final Chance to Close a Chapter with Glory
By: Luis Alberto Figueroa, Social Communicator Journalist. Professional Card 0222 issued by the Ministry of National Education
Argentine Néstor Gabriel Lorenzo took charge of the Colombian National Team on June 2, 2022, without fanfare, but with a solid resume that includes serving as assistant to compatriot José Néstor Pékerman from 2012 to 2018, plus winning the Peruvian League with Melgar. His appointment sparked skepticism among media and fans, who questioned the Colombian Football Federation’s decision amid deep disappointment following the team’s failure to qualify for the 2022 World Cup in Qatar — despite boasting a generation of talented players. The mood was one of disillusionment and frustration.
Yet Lorenzo managed to rebuild the nation’s faith in the tricolor, mirroring Pékerman’s approach by prioritizing team cohesion, tactical discipline, and collective identity over individualism. His calm demeanor and ability to handle pressure turned him into a key figure in redirecting the national project. In a short time, he restored fan confidence — not just through immediate results, but by instilling the sense that the team was being rebuilt with purpose and patience, values missing in previous cycles.
Now, the challenge is even greater: guiding a generation nearing its end, with key players like James Rodríguez and Camilo Vargas, who seek to leave an indelible mark on Colombian football history. For them — and for the country — the next World Cup is not just another tournament; it’s the chance to close a chapter with a memorable performance worthy of the passion and talent they’ve shown over the years. The pressure is high, but Lorenzo has proven he knows how to manage it — and his work goes beyond results: he aims to leave a structural legacy.
Trust in the Argentine coach has grown with each match, and although challenges remain, the team seems to have found a clear direction. The unity between coaching staff, players, and fans has strengthened — and in modern football, that can be the difference between another participation and a story that endures. The road to the next World Cup will be demanding, but with Lorenzo at the helm, Colombia isn’t just playing to qualify — they’re playing to make history.


