LA MASACRE DE NIÑOS INDÍGENAS DEL PUTUMAYO.
JUSTIFICACIONES ANACRÓNICAS E INADMISIBLES
POR : LUIS ALBERTO FIGUEROA
T.P.0222 DEL MEN COLOMBIA
Tratar de justificar la barbarie es posible y menos aún en la tercer década del siglo XXI, ya que la jurisprudencia mundial, continental y nacional sobre el respeto a los derechos humanos se ha consolidado de tal forma que los argumentos discursivos y tendenciosos de los violentos para trata de disminuir la gravedad de sus acciones criminales, sobre todo cuando su víçtimas son personas en estado de indefensión., ya no tienen eco alguno.
Esa es una realidad que parece desconocer de forma absoluta la cúpula del llamado “estado Mayor Central”, sobre todo en el comunicado en el que acepta que una de sus facciones asesinó a menores indígenas en el Putumayo que habían huido de haber sido víctimas de reclutamiento forzado.
Por otra parte, en momentos en que tanto desde la oficina del Alto Comisionado para la Paz como en las instancias del Congreso se avanza en la articulación del marco jurídico para entablar procesos de paz con los grupos residuales de las Farc y las bandas multicrimen, se hace imperativo enviar un mensaje a quienes insisten en el asesinato y masacre: la justicia transicional tiene límites y no podrá cubijar, como ya ocurrió en procesos, delitos de lesa humanidad, más aún aquello en los que los niños son víctimas.
No fijar desde ya esas líneas rojas llevará a que el reclutamiento forzado de menores, como ha ocurrido en los últimos eses, se dispare de nuevo y regresemos a épocas en que los jóvenes eran la principal “carne de caños”, de los alzados en armas, llevando a que decenas de miles mueran.


