

Caos en las vías: la autoridad que falta para acabar con los trancones en Colombia
Por: Luis Alberto Figueroa, Comunicador Social Periodista. Tarjeta Profesional 0222 expedida por el Ministerio de Educación Nacional
Colombia enfrenta una crisis de movilidad urbana que se agudiza cada día en sus principales ciudades y municipios. El problema de los trancones no es nuevo, pero sí cada vez más insostenible: la combinación de una infraestructura vial insuficiente y un exceso de automotores en circulación ha convertido las calles del país en escenarios de caos permanente, donde conductores y peatones pierden horas valiosas sin que las autoridades competentes tomen medidas contundentes.
En el centro del debate está la falta de ejercicio de autoridad por parte de quienes tienen la responsabilidad de hacer cumplir las normas de tránsito. Los directores de tránsito a nivel nacional y los comandantes de la Policía en cada jurisdicción cuentan con las herramientas legales para intervenir, pero en la práctica poco se actúa. Expertos en movilidad señalan que se requiere que más del 80% de las disposiciones del código de tránsito sean efectivamente aplicadas para que el sistema funcione, una cifra que hoy está lejos de alcanzarse.
El trasfondo del problema tiene dos raíces claras: de un lado, la escasez de vías adecuadas que no logran absorber el creciente parque automotor del país; del otro, una profunda falta de cultura ciudadana vial que se refleja en el irrespeto a las señales de tránsito, el mal uso del espacio público y la indisciplina generalizada al volante. Esta última causa, aunque estructural, requeriría décadas de educación continua para generar cambios reales en el comportamiento colectivo.
Precisamente por eso, los especialistas coinciden en que esperar resultados únicamente de procesos educativos sería una apuesta de largo plazo que no resuelve la urgencia del presente. La solución inmediata pasa por el cumplimiento estricto de las normas vehiculares, lo que implica que los directores de tránsito municipales y departamentales asuman con rigor su rol fiscalizador, y que los comandantes de Policía refuercen los operativos de control en los puntos críticos de cada territorio.
La ciudadanía, por su parte, reclama resultados visibles. No basta con tener leyes bien redactadas si quienes deben hacerlas cumplir miran hacia otro lado. La movilidad eficiente es un derecho que impacta directamente la calidad de vida, la productividad económica y la seguridad vial. Mientras la autoridad competente no ejerza su función con decisión y constancia, los trancones seguirán siendo el síntoma más visible de un sistema que, pudiendo funcionar, simplemente no se hace respetar.
English version
Chaos on the Roads: The Missing Authority to End Traffic Gridlock in Colombia
Colombia is facing a urban mobility crisis that worsens daily in its cities and towns. The traffic congestion problem is not new, but it is increasingly unsustainable: a combination of insufficient road infrastructure and an excess of vehicles on the streets has turned the country’s roads into scenes of permanent chaos, where drivers and pedestrians lose valuable hours with no decisive action from the authorities responsible for managing traffic.
At the heart of the debate lies the lack of enforcement by those tasked with upholding traffic regulations. Traffic directors across the country and Police commanders in each jurisdiction have the legal tools to intervene, yet in practice, little is done. Mobility experts point out that more than 80% of traffic code provisions must be effectively enforced for the system to work — a figure that remains far from being achieved today.
The problem has two clear roots: on one hand, a shortage of adequate roads unable to absorb the country’s growing vehicle fleet; on the other, a deep lack of civic road culture, reflected in widespread disregard for traffic signs, improper use of public space, and general driving indiscipline. This second cause, while structural, would require decades of sustained education to produce meaningful changes in collective behavior.
That is precisely why specialists agree that relying solely on educational processes would be a long-term bet that fails to address the urgency of the present. The immediate solution lies in the strict enforcement of vehicle regulations, which requires municipal and departmental traffic directors to take their oversight role seriously, and Police commanders to strengthen control operations at critical points across their territories.
Citizens, meanwhile, are demanding visible results. Well-written laws are not enough if those responsible for enforcing them look the other way. Efficient mobility is a right that directly impacts quality of life, economic productivity, and road safety. As long as the competent authorities fail to exercise their role with determination and consistency, traffic gridlock will remain the most visible symptom of a system that, despite having the means to work, simply refuses to enforce itself.



