
¿RÍOS DE DINERO EN LA CAMPAÑA POLÍTICA?
Luis García Quiroga
Columnista
En la actual contienda política por la Alcaldía de Pereira, con once serios aspirantes a bordo, se ha regado el rumor de que “corren ríos de dinero” y que hay en Pereira estrategas electorales que cobran un montón.
Es válido que las campañas se asesoren de estrategas electorales, aunque algunos de ellos “nunca pierden”.
Por qué, si hay aspirantes que hacen sus campañas con las uñas, ¿no pensar mal de esas campañas desequilibrantes con ríos de dinero financiados por fuerzas oscuras que violan los topes legales?
¿Quiénes son los “inversionistas”? ¿Hay corrupción? ¿Todo vale tras el control del pastel burocrático, la contratación pública y la abusiva feria de contratos de prestación de servicios? ¿Quién controla?
De ser cierto que la financiación de la campaña está contaminada por “el estiércol del diablo”, tendremos elecciones sin transparencia, sin ética pública y sin garantías. Y sin integridad, palabra que casi nadie menciona porque es un piano en la espalda de la moral política, en cuyo escenario, de cara al público, no todo vale, pero en privado, todo es posible.
Si un alcalde como el de Pereira antes de impuestos, tiene $350 millones de ingresos anuales de nómina, y una campaña a la alcaldía, vale más de $7 mil millones, ¿por qué una financiación tan monstruosa en términos de desigualdad de ciertos candidatos frente a otros?
Un dato: El salario actual del alcalde de Pereira es de $15 millones 891 mil 504 pesos, (16 salarios al año), más una bonificación de dirección de cuatro veces el salario mensual compuesto por la asignación básica, más gastos de representación.
Las nuevas fuerzas políticas se enfrentan hoy a tenazas partidistas o grupos que aseguran su participación en el poder a costa de sectores populares donde incluso, muchos líderes barriales frustrados dicen que la “costeñización del voto” dañó la política de Risaralda y que se sienten desplazados por ciertos cacicazgos zonales.
Es muy interesante y sui géneris esta coyuntura política donde se juega el futuro de la ciudad. Observadores afirman que el voto de opinión será clave, versión apoyada con recientes encuestas y sondeos de voto de intención en donde dos factores son dominantes en la estadística: más del 50 % son del elector indeciso que no sabe o no responde; y más del 20 % del elector que dice por quién no votaría.
En un evento político en el Hotel Movich, un congresista de larga trayectoria sentenció el escenario previo que se avecina: “Somos el partido que hoy tiene el poder en Pereira, pero de cara a las elecciones de octubre de 2023, no la tenemos fácil”.
¿Será entonces un pulso entre el libérrimo voto de opinión contra los ríos de dinero y el voto duro de la maquinaria política?




