prudencia o cobardía.

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POR EL PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE PERIODISTAS DE RISARALDA (Pri), RUBÉN  DARÍO FRANCO NARVAEZ – Notieje.com

Por:Padre Francisco Gilberto Arias Escudero2022-08-21140

Hacer un discernimiento de cuando se debe hablar o se debe callar no es fácil, porque se puede tener el peligro de caer en fundamentalismos, y en el caso de nuestra Iglesia, bien sabemos que el Papa no solo es Pastor, sino también, jefe de estado, por lo que debemos entender, que existen unos protocolos diplomáticos, que no deben ser desconocidos; sin embargo, en el caso muy puntual de comportamientos como el del régimen de Nicaragua, con relación a la presencia del catolicismo en esta nación, donde se están violando derechos como el de la libertad religiosa, debe presentarse una postura por parte del Vaticano, sin caer por supuesto en algún tipo de provocación. Ante un hecho como este, el silencio que se tiene podría ser interpretado como un acto de prudencia o quizás de cobardía.

La prudencia que es una de las cuatro Virtudes Cardinales, denota la capacidad de la que dispone la razón para discernir el verdadero bien del mal; la cobardía sería, la degeneración de la prudencia, saber lo que es justo y no hacerlo. El cobarde no es el que ignora lo que es justo, sino que, sabiéndolo, no lo realiza.

Aristóteles y Santo Tomás de Aquino clamaban que la prudencia no sólo trata de lo universal, sino que debe conocer también lo singular. El prudente tiene algo de explorador, busca indagar nuevas oportunidades, más que actuar adecuadamente, pretende hacer las cosas adecuadas.

Una sociedad que actúe bajo la prudencia es una sociedad por definición madura, con valores y principios bien constituidos ya que su actuar es en pro del bien y bienestar de un todo, evaluando siempre las consecuencias antes de cualquier acción. Así mismo, una sociedad cobarde es aquella que es incapaz de levantar su voz para exigir lo que en justicia se merece.

Por lo tanto, la prudencia vendría siendo como dicen en criollo, actuar con cabeza fría, ver las cosas desde afuera para poder obtener el mayor beneficio de la situación en la que se está, para alcanzar el objetivo que se desea.

Se suele pensar que cuando se actúa con cierta cobardía, es por el deseo de conservar la propia vida y los propios bienes, no cediendo ante un gobierno tirano o de un delincuente agresivo. Se puede actuar cobardemente cuando se tiene el anhelo de ascender, de ganar algún reconocimiento. En el fondo el miedo se convierte en la fuerza vital del cobarde, miedo a perder, a sufrir, a crearse problemas, miedo a enfrentarse a lo injusto, en último término al mal, en este caso al tirano de turno.

También podemos actuar con cobardía, para evitar represalias, para sobrevivir en el rebaño, para evitar que seamos señalados por nuestras convicciones religiosas o éticas, de ser tachados de ultraderechistas”, “fascistas”, “retrógrados” y otros adjetivos agresivos y llenos de odio, llevándonos a obrar no según lo que consideramos bueno y justo, sino con el único deseo de huir de problemas y conservar, un status, una vida más o menos tranquila.

La prudencia aparece en la escritura en primer lugar, como una propiedad de Dios; al mismo tiempo, la misma verdad revelada, tiene palabras muy duras para los cobardes, el libro del Apocalipsis afirma: “los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los impuros, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre: que es la muerte segunda”.  

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