
“¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce “lo que hay dentro del hombre”. ¡Sólo Él lo conoce!”. –Con esas palabras, inició el Ministerio Petrino el Papa JUAN PABLO II, el 22 de octubre de 1978, que se extendió hasta su muerte el 2 de abril del 2005, a los 84 años y 11 meses de edad; figurando como el tercer Pontificado más largo de la historia, después de San Pedro y Pío IX.
La dignidad inalienable del hombre y su grito por la libertad marcaron a Juan Pablo II, que fue canonizado el 5 de julio del 2013; 27 años después de su visita a Pereira, coincidiendo con sus 27 años de PONTIFICADO.
Recuerdo la manifestación de fe del pueblo pereirano que, desde las 4 p,m. del viernes, apostado al exterior del Matecaña, cantó “JUAN PABLO AMIGO: PEREIRA ESTÁ CONTIGO”, hasta la mañana del sábado 5. La mayor sintonía, en esa ocasión, la registró RCN; en la que mi buen amigo Enrique Benavides –durante toda la noche- repitió: estamos esperando la llegada de su Santidad Juan XXIII; hasta que, el operador Evelio Tangarife Bedoya y Luis Carlos Echeverrri “el diablo”, le dijeron “Juan XXIII no puede venir porque murió el 3 de junio de 1963.”
En la madrugada 5 julio 1986 rasgó los cielos el avión que trajo al “PAPA VIAJERO”. Diez mil personas batieron pañuelos blancos. Descendió tranquilamente; de inmediato abordó el “papamóvil” (conducido por Rodrigo Echeverri). En español, con voz serena, dijo: “Amados hijos e hijas: Vuestra presencia en este aeropuerto de Matecaña me llena de gozo, pues veo en ello una manifestación de la fe cristiana que ha animado la vida de tantas generaciones en esta querida comarca colombiana… Que esta bella tierra, que ha sido bendecida por Dios con la riqueza de sus dones en sus fértiles cafetales, sea terreno fecundo donde la semilla del Evangelio produzca abundantes frutos de vida cristiana. Mientras invoco sobre todos vosotros la protección de la Santísima Virgen, a la que tanto amáis, os imparto con afecto mi bendición apostólica.”


