

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO.
El Bautismo del Señor
DIOS TODO PODEROSO Y ETERNO, cuando el Espíritu descendió sobre Jesús en su bautismo en el Jordán, lo revelaste como tu propio Hijo amado. Mantennos, tus hijos nacidos del agua y el Espíritu, fieles a nuestro llamado. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
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¡Gloria a ti, oh Padre, Dios de Abraham, Isaac y Jacob/ Tú has enviado a tus siervos, los profetas/ a proclamare tu palabra de amor fiel/m y a llamar a tu pueblo al arrepentimiento. A las orillas del Río Jordán, / Has suscitado a Juan el Bautista, / una voz que grita en el desierto, / enviado a toda la región del Jordán, / a preparar el camino del Señor, / a anunciar la venida de Cristo. ¡Gloria a ti, oh Cristo, Hijo de Dios! /Has venido a las aguas del Jordán/ Para ser bautizado por manos de Juan. Sobre ti el Espíritu descendió como una paloma. / Sobre ti se abrieron los cielos, Y se escuchó la voz del Padre: «Este es mi Hijo, ¡el Predilecto!» /Del río bendecido con tu presencia/ Has partido para bautizar no sólo con el agua / sino con fuego y Espíritu Santo. / ¡Gloria a ti, oh Espíritu Santo, Señor! / Por tu poder la Iglesia es bautizada, / Descendiendo con Cristo en la muerte / Y resurgiendo junto a él a una nueva vida. / Por tu poder, nos vemos liberados del pecado / para convertirnos en hijos de Dios, / el glorioso cuerpo de Cristo. / Por tu poder, todo temor es vencido, / Y es predicado el Evangelio del amor / En cada rincón de la tierra, / para la gloria de Dios, / el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, / a Él todo honor en este Año Jubilar / y en todos los siglos por venir. Amén. S.S. Juan Pablo II
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EL BAUTISMO DE JESÚS
Jesús comienza su vida pública después de hacerse bautizar en el Río Jordán por San Juan Bautista (cf. Mat 3, 13). Abandonó Nazaret, hasta que llegó a Betania, del otro lado del Jordán, y fue a Juan para bautizarse. Él siendo puro, libre de todo pecado, quiso ser bautizado voluntariamente con un bautismo que era destinado a los pecadores para “cumplir toda justicia” (Mt 3, 15) y como gesto de solidaridad, de manera que siguiendo sus huellas hiciéramos nosotros lo mismo. Juan, sin embargo, se opuso a bautizar a Jesús diciendo: “¡Yo soy el que necesita que me bautices!” (Mt 3, 14); pero ante la continua insistencia de Jesús, Juan consintió y bautizó a Jesús en el Río Jordán. Este gesto de Jesús en el Jordán es una manifestación de su anonadamiento.
El Espíritu que se cernía sobre las aguas en la primera creación, desciende sobre Jesús, como preludio de una nueva creación, los cielos se abrieron y se vio el Espíritu en forma de paloma que descendía sobre Jesús y allí mismo en el Jordán el Padre manifiesta que Jesús es su “Hijo Amado” (Mt 3, 16-17). De manera que en el Jordán Jesús inmerso en el agua nos señaló el camino espiritual inicial. Ya desde este momento con la persona del Hijo de Dios, el Jordán no es un río cualquiera ya que adquieren el carácter de agua sagrada, anticipando así el agua de nuestro bautismo que es pura y llena del Espíritu que revive y da nueva vida a las almas de las personas en cada lugar y momento.




