Del escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, quien tiene afectos en Pereira, es conocida su afición por pasearse por nuestros centros comerciales contando locales desocupados y hacer notas al respecto.
A raíz de una carta que empresarios me hacen llegar por retiros del Centro Comercial Pereira Plaza alegando malos tratos, discriminación y comentarios despectivos de la administradora, también plantean los altos costos de administración.
No son pocos los propietarios de centros comerciales que ceden sus locales a costa de no percibir ingresos de arrendamiento con tal que el tomador pague los servicios públicos y la administración.
Por estos y otros factores, existe un clima de incertidumbre en muchos empresarios que han puesto sus mejores huevos en la canasta de los centros comerciales, pese a que como lo ha demostrado la encuesta de percepción ciudadana Pereira Cómo Vamos, una amplia franja de pereiranos tiene los centros comerciales sólo como centros de encuentro, recreación, entretenimiento, alimentos y bebidas. Y vitriniar.
Esto me recuerda al profesor Humberto Serna Gómez, experto en gerencia estratégica, quien en reciente conferencia invitado por la Universidad Uniminuto, nos decía que con el suceso de las plataformas digitales tipo Amazon, la tendencia de los centros comerciales en EE.UU está cambiando aceleradamente.
Reveló el veterano tratadista, que esa tendencia también llegó a Bogotá en donde propietarios de locales, agobiados por el lucro cesante y la incertidumbre comercial, los están entregando a los Consejos de Administración para que los apliquen a los nuevos conceptos y tendencias.
Hoy, las inversiones en locales en centros comerciales se están pensando dos veces y claramente, el desafío de los Consejos de Administración debería enfocarse en adaptarse con creatividad en los cambios al sector y evitarles a los propietarios y a la ciudad, el estallido de la burbuja inmobiliaria y comercial con sus nefastos efectos en la economía y el desempleo que viene ganando terreno.
La dinámica de los mercados es un axioma. Así que la reconversión del negocio es un imperativo. El viejo y sabio aforismo dice que es mejor prevenir que lamentar.


