El fenómeno Paloma-Oviedo

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/ENS
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Domingo, 22 de Marzo de 2026
* Se afianza la centroderecha en los sondeos
* Lo que hay en las “paralelas convergentes”
A raíz de los resultados de las consultas populares del 8 de marzo era apenas natural que el tiquete de Paloma Valencia-Juan Daniel Oviedo se pusiera, como mínimo, en el segundo lugar de la contienda presidencial hacia la primera vuelta, acorde con lo que hoy sucede, y que su fuerte escalada indicara una progresión hacia el liderato.
Porque está visto que la hechura y análisis de la política no obedece en exclusiva a la lectura estática de las encuestas, según algunos creen, sino en particular a la percepción y examen de lo que ocurre en el terreno político directo, previo a aquellas fotografías estadísticas, por así decirlo, y menos en referencia a comparativos de otras épocas que se traen inconsistentemente a cuento.
En tal sentido, pese a que a finales de 2025 muchos analistas pensaban lo contrario, imantados por los sondeos de esos meses, es decir, que la campaña presidencial no se saldría en lo absoluto de la polarización entre los dos bloques entonces en boga, la realidad de 2026 ha sido la contraria.
No era tampoco difícil deducirlo, pues en cambio a otros nos parecía evidente, desde el comienzo de la justa por la Casa de Nariño, que el país andaba en busca de un panorama democrático diferente al pretendido enclaustramiento entre una izquierda y una derecha aparentemente extremas, al estilo de una némesis interesada. Mejor dicho, que no todo estaba atado y menos bien atado en torno a esa presunta dicotomía en la cual, además, cualquier otra opción no era más que producto de caprichosos cantos de sirena.
No obstante, desde diciembre sostuvimos en estas líneas que la llamada “Gran Consulta”, aún incipiente e impredecible y que quizás había perdido algo de fuelle hasta el ingreso de Paloma Valencia, sería en adelante el hecho político por excelencia. Uno que a la postre se convertiría en el parteaguas de la verdadera campaña presidencial y cuyo resultado, a juzgar por la unión de diversos partidos y vertientes de la derecha al centro o lo que también se ha dado en denominar la centroderecha, sería determinante una vez llevadas a cabo las elecciones de Congreso.
Sin embargo, tan seguros de lo contrario estaban quienes apostaron a su fracaso que, de hecho, cuando despertaron de su error recurrieron de improviso a otro equívoco: la conducta antidemocrática de pedir a somatén la abstención en las consultas. Pero los espléndidos resultados de la “Gran Consulta” estuvieron, de una parte, a tono con las profundas fibras constitucionales de la Nación como, de otro lado, condensaron el querer popular, abriendo un enorme espacio para aquella política que subyacía, pero hasta el momento permanecía desprovista de representación efectiva. Y que cobró plena vigencia en la fórmula presidencial mencionada.
A la par, también creíamos y dijimos desde el principio que el discurso del “centrismo” en que algunos pretendían tácticamente ubicarse, o sea el posicionamiento per se y sin contenido entre los extremos, era por completo anodino en relación con la política concreta y las exigencias nacionales. Frente a esa seudodoctrina adujimos, no por supuesto ese “centrismo” insípido y vacuo, sino el apetecible vigor y afianzamiento del centro político cardinal o, si se quiere, el justo medio aristotélico. Dicho de otra manera, la férrea defensa del sistema de orden y libertades, cuyo énfasis y desarrollo es el mejor y único soporte al Estado social y democrático de derecho invocado en la Constitución.
Por lo demás, y como se sabe, Carta que se obtuvo en 1991 después de un lúcido ejercicio de consenso, podría decirse que similar al tiquete Valencia-Oviedo para sacar a Colombia del atolladero de los descuartizadores institucionales. Que, por si fuera poco, proponen su eternización en el poder a partir de una nueva asamblea constituyente, en esta ocasión, de corte marxista-leninista y ciertamente en aras de mantener el viejo discurso (que ahora se dice relato, aunque es lo mismo) del combate cultural de Gramsci y su turbia concepción de la justicia con fines políticos, refrescada en los últimos tiempos por Lyotard y Vatimmo, entre otros supuestos pontífices del llamado posmodernismo. En tales circunstancias era, a nuestro humilde juicio de la política criolla, previsible que la fórmula Paloma-Oviedo se catapultaría en la idea de lograr, más bien, las “paralelas convergentes” de Benedetto Croce. O, en el caso colombiano, la consolidación y avance de la democracia dentro de diversas perspectivas, sin abandonar el foco institucional común.
Todavía queda mucho trecho por recorrer, pero la noticia en esa dirección es, además de sondeos previos, la encuesta del CNC publicada ayer por Cambio que pone en tierra derecha el tiquete antedicho, ahora de segundas contra todo pronóstico y con franca tendencia a ganar. De eso a nadie cabe ya duda, así ciertas interpretaciones sacadas de la manga quieran poner el palo a la rueda en la ineluctable convergencia democrática del país para derrotar, todos a una, al deplorable y destructivo continuismo.




