

* Grave desencuentro de dos países hermanos
* Hay que insistir en el diálogo y la diplomacia
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/Presidencia
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Martes, 17 de Marzo de 2026
La crisis política, económica, social y de estrategia antidroga y de seguridad fronteriza entre los gobiernos de Colombia y Ecuador no amaina. Por el contrario, los desencuentros entre los mandatarios Gustavo Petro y Daniel Noboa son cada vez más álgidos, en tanto que la afectación al comercio binacional y a la alta interacción poblacional en la zona limítrofe se profundiza semana tras semana.
Por una parte, el puente internacional de Rumichaca, en Ipiales (Nariño), se encuentra bloqueado hace varios días por protestas de comunidades, comerciantes y transportadores colombianos que urgen a los dos gobiernos desmontar la escalada arancelaria que elevó hasta en un 50 % los impuestos de importación de lado y lado, generando una parálisis comercial muy grave, con cuantiosas pérdidas para centenares de empresas y negocios.
Como se recuerda, fue Quito el primero en plantear, en enero, una sobretasa del 30 % a decenas de productos de nuestro país, alegando que se trataba de una “tasa de seguridad” para financiar los operativos antidroga y contra el terrorismo que realizan sus fuerzas militares en la frontera con Colombia. De paso, se acusó a la administración Petro de no estar combatiendo de manera efectiva el narcotráfico en Nariño y Putumayo, al punto que grupos guerrilleros y bandas criminales locales extendieron operaciones a la nación vecina. Colombia, como era previsible, respondió con medidas arancelarias recíprocas y elevó demanda ante la Comunidad Andina de Naciones (CAN). La réplica del gobierno Noboa fue llevar esa sobretasa al 50 % y elevar la tarifa para el transporte de crudo colombiano por su territorio, lo que impulsó a la Casa de Nariño a subir también los aranceles y suspender la venta de energía a esa nación… Aunque las autoridades de ambos países activaron planes de choque para enfrentar las consecuencias de la ‘guerra’ comercial, lo cierto es que las tratativas directas para desmontarla no han dado resultado positivo. Incluso, se está pendiente de una próxima reunión a instancias de la CAN en Lima.
En el flanco de seguridad el tema es aún más complicado. De un lado, el Ministerio de Defensa de nuestro país asegura que sí combate eficazmente el narcotráfico en Nariño y Putumayo, incluyendo la erradicación voluntaria de 30 mil hectáreas de narcocultivos. En tanto Ecuador, en colaboración con tropas estadounidenses, lanzó una ofensiva contra grupos guerrilleros de origen colombiano que operan en su territorio. En ese marco, días atrás bombardeó un campamento de los ‘Comandos de la Frontera’, grupo residual de las Farc que asesinó en mayo de 2025 a once militares de ese país.
Esos bombardeos, precisamente, dieron pie a que Petro denunciara el lunes, en un consejo de ministros, que artefactos explosivos cayeron en territorio colombiano e incluso presentó una foto al respecto. De inmediato Noboa calificó la versión de falsa y reiteró sus críticas a la estrategia antidroga y de seguridad en el área limítrofe de nuestro país, denunciando incluso flexibilidad con los factores criminales. Y a ello el titular de la Casa de Nariño replicó confusamente, afirmando incluso que había “27 cuerpos calcinados y la explicación no es creíble”. No precisó, sin embargo, el cuándo, cómo o dónde. Lo que sí resulta claro es que una aseveración de semejante gravedad no puede hacerse sin pruebas.
En medio de toda esta escalada crítica entre ambos gobiernos alarma que los canales diplomáticos y políticos no están funcionando. La comunicación entre las cancillerías es casi que nula y no se ve en Quito ni Bogotá una disposición a destrabar el diálogo directo. Tampoco se ha visto un rol activo de la OEA para bajar los ánimos y allanar un acuerdo.
Pero no solo es el pulso bilateral. También hay un claro trasfondo geopolítico. Mientras Ecuador refuerza su alianza estratégica, antidroga y comercial con la Casa Blanca, al gobierno Petro Washington parece marcarle cada vez más distancia, como lo evidencia la ausencia colombiana en el lanzamiento del “Escudo de las Américas”, la iniciativa continental contra el narcotráfico que lidera el presidente Trump y que, inicialmente, firmaron dieciséis gobiernos de centroderecha. Colombia, México y Brasil, que tienen mandatarios de izquierda, no fueron convocados.
Como se ve, la crisis entre los gobiernos Petro y Noboa es cada día más grave. Urge insistir en los canales del diálogo y la diplomacia entre dos países hermanos. Tiene que demostrarse voluntad de lado y lado para avanzar en la distensión. De lo contrario, millones de personas en la frontera seguirán a la deriva.


