

Por: Luis Alberto Figueroa, Comunicador Social Periodista. Tarjeta Profesional 0222 expedida por el Ministerio de Educación Nacional
En octubre de 1957, un grupo de comunicadores sociales, periodistas, escritores, poetas y fotógrafos selló la fundación del Colegio Nacional de Periodistas de Colombia (C.N.P.), tras una lucha ardua por consolidar un espacio de defensa de la libertad de expresión. La primera asamblea, celebrada en Bogotá, no solo marcó el nacimiento de la organización, sino que también estableció el 9 de febrero como el Día del Periodista, en homenaje a la primera publicación de la Gaceta de Santa Fe en 1795, obra del cubano Manuel del Socorro Rodríguez. Este hito simbolizó la unión de voces comprometidas con la ética y la dignidad del oficio periodístico en el país.
El proceso de creación del C.N.P. no fue fácil. Durante años, los comunicadores enfrentaron presiones políticas, censura y desconfianza institucional. Su lucha no solo buscaba un gremio, sino un escudo para proteger la veracidad informativa y la independencia editorial. Ramiro Andrade, del Valle del Cauca, fue elegido como primer presidente, encarnando el espíritu de resistencia y organización que caracterizó a los fundadores. Su liderazgo sentó las bases para que el colegio se convirtiera en un referente de defensa de los derechos profesionales y ciudadanos.
Antes de 1957, los periodistas en Colombia carecían de representación formal y de mecanismos legales para proteger su labor. La creación del C.N.P. respondió a esa necesidad histórica, alineándose con movimientos latinoamericanos que buscaban profesionalizar el periodismo. La elección del 9 de febrero como fecha simbólica no fue casual: evoca el nacimiento de la prensa en tierras colombianas, reforzando la idea de que el periodismo es un pilar de la democracia. Desde entonces, el colegio ha sido un actor clave en la defensa de la ética periodística y en la formación de nuevas generaciones.
Aunque el contexto ha cambiado, el espíritu fundacional del C.N.P. sigue vigente. Hoy, frente a desafíos como la desinformación, la violencia contra comunicadores y la presión digital, la organización mantiene su rol de guardián de la libertad de prensa. Su historia es un recordatorio de que la profesionalización del periodismo no es un lujo, sino una necesidad para la sociedad. Los fundadores no solo crearon un colegio; forjaron una tradición de compromiso con la verdad y la justicia social. En Risaralda preside la seccional del Colegio Nacional de Peiodistas de este departamento la Licenciada María Vitoria Larrarte Guevara.- y en el resto del país uncionan 28 Seccionles más.
English versión
The Battle for Freedom of Expression: Birth of the National College of Journalists of Colombia
By: Luis Alberto Figueroa, Social Communicator Journalist. Professional License 0222 issued by the Ministry of National Education
In October 1957, a group of social communicators, journalists, writers, poets, and photographers sealed the founding of the National College of Journalists of Colombia (C.N.P.), after a hard-fought struggle to establish a space defending freedom of expression. The first assembly, held in Bogotá, not only marked the birth of the organization but also designated February 9 as Journalists’ Day, honoring the first publication of the Gaceta de Santa Fe in 1795 by Cuban Manuel del Socorro Rodríguez. This milestone symbolized the union of voices committed to journalistic ethics and dignity in the country.
The creation of the C.N.P. was no easy feat. For years, communicators faced political pressure, censorship, and institutional distrust. Their fight sought not just a guild, but a shield to protect informational truth and editorial independence. Ramiro Andrade, from Valle del Cauca, was elected as the first president, embodying the spirit of resistance and organization that defined the founders. His leadership laid the groundwork for the college to become a reference point in defending professional and civic rights.
Before 1957, journalists in Colombia lacked formal representation and legal mechanisms to protect their work. The creation of the C.N.P. responded to this historical need, aligning with Latin American movements seeking to professionalize journalism. The choice of February 9 as a symbolic date was no coincidence: it evokes the birth of the press in Colombian lands, reinforcing the idea that journalism is a pillar of democracy. Since then, the college has been a key actor in defending journalistic ethics and training new generations.
Though the context has changed, the founding spirit of the C.N.P. remains alive. Today, facing challenges such as misinformation, violence against communicators, and digital pressure, the organization maintains its role as a guardian of press freedom. Its history is a reminder that journalistic professionalism is not a luxury, but a necessity for society. The founders did not just create a college; they forged a tradition of commitment to truth and social justice.


