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Martes, 16 de Febrero de 2026.-
Colombia está a escasos veinticinco días de las elecciones parlamentarias. Si bien todas las citas a las urnas tienen una importancia intrínseca porque revalidan la vigencia del sistema democrático, los comicios del próximo 8 de marzo están, sin duda alguna, entre los más trascendentales de las últimas dos décadas. Esto porque el dictamen ciudadano marcará la pauta del alto, mediano o bajo nivel de renovación del mapa de poder en el Senado y la Cámara de Representantes. Y del alcance de dicho ajuste dependerá la posibilidad de que el país dé un timonazo y salga de ese estado permanente de crisis política, económica, social e institucional en que lo sumió la saliente administración de izquierda.
Así las cosas, el llamado prioritario, entonces, es a que todos los colombianos mayores de 18 años que están habilitados para sufragar se preparen desde ya a ejercer el principal derecho y deber ciudadano. En las elecciones de 2022 el nivel de abstención electoral rozó un preocupante 52 %. Y aunque hubo 18,6 millones de votos, los nulos y no marcados casi llegaron a los 1,3 millones. Ahora, con un censo que creció en más de 2,4 millones de personas en el cuatrienio, el reto debería ser poder sobrepasar los veinte millones de sufragios efectivos.
No se puede desconocer que la contienda por las curules en el Legislativo ha estado eclipsada por las intensas y accidentadas fases de una campaña presidencial en la que, además, el tema de la mecánica ha ocupado gran parte de la agenda. Y esto pese a que, como lo advertimos en estas páginas días atrás, en una estrategia que desdice de su vocación de poder, varios de los partidos más importantes de la centroderecha, como el Conservador, Liberal, Cambio Radical y La U, se han concentrado más en la puja parlamentaria que en la de la Casa de Nariño. No es este un hecho menor, ya que dichas colectividades, sumadas, tienen hoy la mitad de los escaños del Senado y una parte significativa en la Cámara.
Así pues, en estas escasas semanas que restan para el día de las urnas los partidos y candidatos deberían esforzarse por obtener la mayor exposición pública y mediática de sus propuestas y programas. Solo así será posible impactar a una opinión pública que, en medio de un día a día muy movido en múltiples flancos, no logra engancharse de forma activa con la contienda proselitista. Derrotar el abstencionismo pasa, primordialmente, por mejorar los canales de interacción entre el electorado y los más de 3.231 aspirantes que conforman 527 listas en competencia.
Obviamente, al votarse el mismo día tres consultas interpartidistas para escoger candidatos presidenciales únicos, es claro que estos procesos entran a ser dinamizadores para una mayor asistencia a las urnas. En ese orden de ideas, se espera que las colectividades movilicen a sus bases para hacer parte de las mismas, buscando coincidencias programáticas y de espectro político entre cada consulta y su respectiva plataforma ideológica y de proyectos.
Por ejemplo, la realpolitik señala que las canteras de votantes de los partidos Conservador, Liberal, Cambio Radical y La U deberían inclinarse naturalmente por apoyar la consulta de la centroderecha, puesto que es la que más solidez tiene para liderar la corrección drástica del rumbo nacional tras la fallida gestión del gobierno de izquierda en muchos flancos.
En cuanto a las voces, se escuchan desde algunos sectores afines al gobierno, a un sector centrista minoritario e incluso a facciones de derecha llamando a que el 8 de marzo solo se vote por las listas al Congreso. Es claro que dicha postura resulta controvertida. No solo porque la práctica política ha evidenciado muchas veces lo contraproducente que resulta el llamar a la ciudadanía a que no ejerza su sagrado derecho y deber de sufragar, sino porque tales convocatorias desdicen del espíritu natural de las jornadas democráticas.
Visto lo anterior, la prioridad en estos momentos es que partidos, candidatos y dirigencia política en general llamen a sus bases a interesarse en la campaña parlamentaria. Que les presenten propuestas e ideas que los impacten. Y que, sobre todo, se entienda que redireccionar a Colombia por la senda de la estabilidad institucional, la primacía del orden, la autoridad legítima, el respeto al Estado social de derecho y los canales del progreso económico y social requiere de un esfuerzo conjunto entre el nuevo presidente o presidenta y un Congreso con mayorías afines a esos objetivos de primer orden.


