Petro impulsa coordinación militar Colombia-Venezuela para combatir mafias.

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Nicolás Maduro y Gustavo Petro

El presidente Gustavo Petro anunció este 10 de octubre en Bruselas que propone coordinar las Fuerzas Militares y policiales de Colombia y Venezuela para enfrentar el narcotráfico en la frontera, argumentando que esta acción es necesaria para eliminar operaciones mafiosas conjuntas y proteger las zonas limítrofes. Señaló que no busca fusionar ejércitos, sino establecer cooperación operacional bajo parámetros de soberanía compartida.

Petro ha reafirmado su crítica hacia los bombardeos de embarcaciones en el mar Caribe orquestados por Estados Unidos, sosteniendo que no es legítimo lanzar misiles sobre personas sin conocer su actividad real. En su discurso, insistió en que Venezuela no necesita invasiones sino diálogo político interno, y que Colombia propone un modelo de acción conjunta, no de subordinación.

La propuesta ha generado reacciones contrapuestas dentro de Colombia y en el ámbito internacional. Algunos sectores advierten que acercar las fuerzas de dos países con gobiernos ideológicamente afines podría debilitar la independencia estratégica de Colombia. Otros apoyan la iniciativa como un paso audaz hacia una agenda regional de seguridad.

En el contexto regional, la estrategia propuesta por Petro coincide con el incremento de la presencia militar estadounidense en el Caribe, bajo el argumento de combatir el tráfico de drogas. Esa intervención y los recientes bombardeos han tensado las relaciones diplomáticas entre Washington y los gobiernos latinoamericanos. En medio de esta coyuntura, la propuesta de coordinación militar binacional adquiere dimensiones simbólicas y estratégicas más allá del combate a las redes ilícitas.


English version

Petro pushes Colombia-Venezuela military coordination to fight crime

On October 10 in Brussels, President Gustavo Petro announced a proposal to coordinate the military and police forces of Colombia and Venezuela to combat drug trafficking along the border, arguing that such cooperation is necessary to dismantle joint criminal operations and protect border regions. He emphasized that his intention is not to merge armies, but to establish operational collaboration under shared sovereignty.

Petro reiterated his opposition to U.S. strikes on vessels in the Caribbean Sea, arguing it is unjustifiable to launch missiles at people without clear knowledge of their activities. He maintained that Venezuela does not need invasions but internal political dialogue, and that Colombia’s plan is one of joint action, not submission.

The proposal has sparked mixed reactions domestically and internationally. Some voices warn that closer integration of two countries with ideologically aligned governments could undermine Colombia’s strategic independence. Others view it as a bold move toward a regional security agenda.

Regionally, Petro’s initiative unfolds amid an intensified U.S. military presence in the Caribbean framed as a fight against drug trafficking. Those interventions and recent strikes have heightened diplomatic tensions between Washington and Latin American governments. Against this backdrop, the proposed binational military coordination takes on symbolic and strategic significance beyond the fight against illicit networks.