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LA LÍNEA: CUANDO LOS SUEÑOS SE HACEN REALIDAD

Por el Abogado, escritor, Columnista y Periodista, Augusto Mejia Gonzalez

Fue el Gran Tomás Moro quien afirmara que: “La mayor parte de la utopías, son realizables”. Nuestra amada Colombia ha tenido muchas, como la de La Paz, que comienza a vislumbrarse; y desde hace más de 100 años, el país tuvo la utopía de construir un túnel que comunicara el Pacífico con el centro de la Nación; El de La Línea para cruzar la Cordillera Central entre Cajamarca (Tolima) y Calarcá (Quindío), principal corredor de Comercio Exterior, que comunica a Buenaventura con el resto del País. Inicialmente, por los años 20 del Siglo pasado, se habló de un Túnel Férreo, pero el proyecto se archivó. Un ministro de obras del gobierno de Carlos Lleras Restrepo, propuso que el Túnel se hiciera por la parte baja de la montaña, para evitar costos; pero expertos Japoneses recomendaron que se hiciera a 2.600 mts sobre el nivel del mar. En la década del 80 la idea del Túnel alto casi toma vuelo, pero se cayó. Fue en el 2.000 en el gobierno de Andrés Pastrana cuando se autorizó a la Nación a financiar el Túnel y construirlo a 2.520 mts sobre el nivel del mar, pero la falta de pólizas de seguros de cumplimiento lo aplazaron. Durante el mandato de Álvaro Uribe, el proyecto se retomó. Hubo muchos cuestionamientos por parte del sector de Infraestructura del país; sobre todo por los riesgos geológicos de la zona. En diciembre del 2.008, se adjudicó la construcción a la Unión Temporal Segundo Centenario, por un costo de 629.000 millones de pesos, que incluía un Túnel principal de 8.6 Km de longitud, dos segundas calzadas en Quindío y Tolima, 25 puentes y 20 Túneles; Pero en el 2.016, por errores e incumplimientos del contratista, el Gobierno tuvo que declarar la caducidad del contrato y abrió una nueva licitación para terminar las obras; pero una falla geológica ubicada en el corazón de la montaña retrasó la obra, porque según Guillermo Toro Acuña, el director técnico de Invías, el material rocoso del Túnel se desestabilizaba. Para el actual gobernador del Quindío Roberto Jairo Jaramillo, ésta es la obra de ingeniería más grande del país; y para el triángulo del café, corazón de Colombia y no solo para el Quindío, Caldas y Risaralda, esta utopía de un siglo, parece ser la primera vacuna contra la pandemia de la corrupción del narcotráfico y de la violencia que unos pocos realizan, sobre una de las naciones más bellas de la tierra. El 4 de septiembre del 2020 veremos por fin, la luz al final del Túnel.

AUUGUSTO MEJIA GONZALEZ.

Opinión - El Diario