La corrupción, aparte de las incidencias catastróficas que tiene y mucho más,cuando produce una erosión de dimensiones gigantescas en la confianza del pueblo y las instituciones .
Es por tanto lo que podriamos llamar un crimen de lesa patria, por cuanto atenta directamente contra el corazón y la razon de ser de la vida colectiva.
Es decir, una traición en toda la linea.
En consecuencai, no solo es una conducta ilícita con los fines de robar al errio, para el lucro personal, sino que ese procedimiento criminoso, con los funcionrios públicos de protagonistas, afecta la credibilidad de los colombianos en el pacto social del cual hacen parte.
y a partir de ahí comienza a instalarse la anarquia.
Por eso hay que producir acciones y castigos en tiempo real, tanto para reducir prontamente a los responsables , como para que la ley y la justica sirvan de factor disuasivo a fin de que ello no vuelva a ocurrir.
En momentos de cisis actual, cuando el país hace aprte de la tragedia planetaria del coronavirus, faltaría más que las autoridades correspondientes a una semejante infamia.
Aprovecharse de los cargos públicos para conseguir excedentes ilícitos a proposito de subir los precios de los alimentos en los contratos para atender a la población más vulnerable, así como meter mano a las ayudas monetarias a los campesinos y otras necesidades de salud y higiene similares, no puede tener sino el nombre de los roedores en las alcantarillas.
Bien tiene razón,pues, el Presidente de la Repúlbica , Iván Duque Márquez, en usar los calificativos a los que ha venido recurriendo para que los culpables de semejante vandidaje tengan, también, la sanción social debida.
Los valores más importantes del Estado, para sortear la crisis impredecible del coronavirus, radican en la confianza y la credibilidad.
Cualquier conducta, pública o privada, que atente contra esas fuentes, base de la legitimidad estatal, tiene que tratarse como un veneno igual de grave a la pandemia.
Por fortuna, así lo han entendido los organismos de control.