Más que Abogado, fue un gran Educador

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Luis García Quiroga

Al desfallecer el día domingo 11 de noviembre murió rodeado del amor de su familia en el barrio Maraya, el profesor Guillermo Cardona Hernández, un abogado caldense que como miles de sus paisanos, se enamoraron de Pereira y con su aporte de señorío ayudaron a superar la viejas rivalidades regionales y de paso olvidaron el camino de regreso a su tierra natal.

Como abogado, el doctor Guillermo conocía el oficio, sus estrategias y procedimientos, pero su verdadera vocación fue la enseñanza de la ciencia del Derecho, que al igual que otros grandes como Gabriel Calle Echeverri, Rodrigo Rivera Correa, Alberto Mesa Abadía, Gildardo Henao Gutiérrez, Daniel Becerra Piedrahita, nos decían con frecuencia que, “El Derecho se aprende estudiando y se ejerce pensando”.

Lo mío fue el periodismo y la comunicación, pero tuve el privilegio de conocerlos, tratarlos personalmente y tenerlos como profesores en la Universidad Libre de Pereira, al igual que Jorge Alzate Villa, Marco Marín, Fabio Hernán Vélez y Jaime Hernán Salazar, quienes siguen sembrando cultura jurídica y cultivando personas con fundamentación en el humanismo del Derecho.

Como profesor de Derecho, el doctor Guillermo fue un personaje especial. Sus discípulos no recordamos que haya faltado jamás a una clase, que dictaba siempre sin el apoyo de apuntes en los días en que en el aula la ayuda de un video beam, no existía. Él tenía toda la cancha pedagógica del maestro de escuela, como quiera que fue egresado de la Normal Superior de Manizales.

Frente al tablero, llamaba la atención su caligrafía preciosista estilo palmer. Escribía con la delicadeza de un poeta, incluso en los días en que se usaba la tiza blanca. Fue un educador riguroso y metódico, estilo que aplicó al escribir varios libros de derecho civil enfocados en las ramas de sucesiones, obligaciones y contratos civiles. Obras que por su claridad, concisión y escritas con lenguaje claro y sencillo, son muy consultadas.

Fue el manizaleño Gabriel Germán Londoño quien entendió el proverbial régimen de lluvia y sol que caracteriza a Pereira como “Una explosión cósmica de agua y luz”, que nutren la feracidad de esta tierruca buena y surten el paisaje de la más hermosa variedad de verdes. Verdes de todos los colores, a la manera del poeta Aurelio Arturo.

El mismo verde mágico, la misma proverbial lluvia y la misma luz esplendorosa que dieron cobijo e inspiración al profesor Guillermo y le rindieron testimonio de admiración en el último aliento de su avanzada edad, escoltada con la lucidez mental de siempre.

De las personas que aprecio y me dicen que han muerto, siempre digo, que si predicaron con el ejemplo, no mueren, simplemente, se van de viaje.