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COLUMNA DEL PADRE ( Pacho ), FRANCISCO GILBERTO ARIAS ESCUDERO, PARROCO DE  LA ILGESIA LA VALVANERA DE PEREIRA COLOMBIA SUR AMÉRICA, COLUMNISTA  INTERNACIONAL DEL PRIÓDICO CIERESPACIAL WWW.NOTIEJE.COM CUBRIENDO LOS CINCO  CONTINENTES DEL

Padre Pacho

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“El enigma del mal”

La reflexión sobre el mal ha sido un tema central en las diferentes propuestas religiosas a lo largo de la historia, y cada tradición ofrece una interpretación única de su origen y su remedio. Esta diversidad nos invita a contemplar cómo el pensamiento humano, en su búsqueda de sentido, intenta reconciliar la existencia del mal con la presencia de lo divino.

En las tradiciones orientales como el hinduismo y el budismo, el mal se asocia con la ignorancia de la verdadera naturaleza de la realidad. En el hinduismo, el karma y el apego a los deseos mundanos perpetúan el sufrimiento. Por otro lado, el budismo enseña que el sufrimiento (dukkha) surge de la avidez, el odio y la ilusión. Liberarse del mal implica un despertar espiritual que lleva al hombre a trascender el samsara (ciclo de renacimientos) y alcanzar el nirvana.

En el islam, el mal es visto como una prueba de fe y paciencia. Allah, siendo omnisciente, permite el mal para evaluar la rectitud de sus siervos. El sufrimiento, aunque difícil, tiene un propósito divino, y el creyente debe enfrentarlo con confianza en la sabiduría de Dios. Liberarse del mal implica someterse a la voluntad divina y adherirse al camino recto marcado por el Corán y la Sunnah.

En las religiones animistas y algunas tradiciones indígenas, el mal se entiende como un desequilibrio en las relaciones entre los seres humanos, la naturaleza y el mundo espiritual. Restaurar el equilibrio mediante rituales, respeto a la naturaleza y armonía comunitaria es el camino hacia la liberación.

En la tradición cristiana, el mal no es considerado una creación de Dios, sino una privación del bien. San Agustín propuso que el mal surge cuando las criaturas libres se apartan de Dios, quien es la fuente de todo bien. Desde esta perspectiva, la libertad humana es tanto un don como una responsabilidad. La redención, en este contexto, proviene de regresar al camino de Dios mediante la fe, el arrepentimiento y las buenas obras.

A pesar de las diferencias, todas estas tradiciones coinciden en que el mal, aunque real, no es definitivo. El hombre, como ser dotado de razón y voluntad, tiene el poder de elegir su respuesta al mal. Ya sea a través de la contemplación divina, la práctica de la virtud, el despertar espiritual o la restauración del equilibrio, cada tradición ofrece un camino hacia la liberación.

Padre Pacho